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El Líder Como Pastor

6/11/2009

El libro pretendía mostrar las similitudes intrigantes existentes entre el comportamiento de la oveja y del ser humano. Por ejemplo:

• A las ovejas les fascina el pasto más verde. Durante un cierto periodo de seca, las ovejas fueron llevadas hacia un pasto que no les era familiar. Pocos minutos después, estaban forzando la cabeza por los espacios existentes en la cerca de alambre, tratando de alcanzar el pasto del otro lado.

• A las ovejas les gusta jugar a: “seguir al líder”. Una mañana, al traer a las ovejas afuera del establo, Ken agarró un bastón delante del líder del rebaño, en el momento en que ella llegaba a la puerta. Ella saltó sobre el bastón y todas las que la seguían también lo saltaron en el mismo lugar, inclusive después de que el obstáculo había sido retirado.

• Ciertas razas tienen una estructura que no les permite colocarse de pie solas, en caso de tropezar y caer de espaldas. Se quedan como enyesadas e incapaces de levantarse. Sin ayuda de sus pastores, morirían sofocadas lentamente.

• Frecuentemente las ovejas sufren de una condición visual que no les permite ver nada que no esté directamente delante de ellas. Se fijan de tal manera en el problema inmediato que no reconocen una posible solución, inclusive si esta solución pudiera estar disponible.

¿Usted se reconoce en algunas de estas características? La Biblia contiene muchas referencias sobre ovejas, rebaños y pastores. En Isaías 53:6 leemos: “Todos nosotros nos descarriaríamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino”.

Trabajando en este libro, quedé admirado con el papel que el pastor desempeña conduciendo ovejas desamparadas e indefensas que no pueden protegerse. Es interesante observar que, para maximizar la productividad de una empresa y de su personal, un buen líder debe también ejercer las funciones de pastor confiable y responsable.

El Salmo 23 conocido como el “salmo del buen pastor”, habla sobre “andar por el valle de sombra de muerte”. Aunque este texto sea muy usado en servicios fúnebres, refiriéndose a la transición de la vida terrenal hacia la muerte, la verdad ella describe ovejas conducidas por el pastor a nuevos pastos, a través de un pasaje oscuro entre montañas, donde depredadores podrían estar escondidos en la oscuridad.

Confiando en el cuidado y en la protección del pastor, las ovejas que no son nada valientes, prosiguen con confianza. Es una manera por la cual el líder puede actuar como pastor.

Compromiso firme. Cuando los empleados saben que su líder siempre coloca sus mejores intereses en primer lugar, sin importarle el costo, harán todo por él. “Yo (Jesús) soy el buen pastor: el buen pastor su vida da por las ovejas.” (Juan 10:11).

Conocimiento incuestionable. Con frecuencia el líder es un extraño virtual, que se queda imaginando por que las personas no quieren seguirlo. El buen líder conoce bien a las personas que lidera y atiende rápidamente a sus necesidades. “A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz: y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y como ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz” (Juan 10:3-4).

Prioridades indiscutibles. El buen líder sabe que, para que la empresa alcance la excelencia y prospere, es necesario que haya provisión apropiada y sólida para que los que forman parte de ella. Esa fue la preocupación de Jesús al delegar responsabilidades a sus seguidores: “Apacienta mis ovejas” (Juan 21:15-19).

La Dinámica para Realizar Cambios Trascedentales

La Palabra de Dios dice lo siguiente en Romanos 12:1-2
Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

La Biblia nos enseña que Dios en el cielo no cambia, El siempre es el mismo por los siglos de los siglos (Malaquías 3:6), pero que debajo del cielo si existen los cambios o tiempos de cambio (Eclesiastés 3:1).

Todo lo creado por Dios está regido y gobernado por los cambios, por ejemplo: Las estaciones del año, el ser humano que nace, crece, se reproduce, desarrolla, declina y muere, etc.

Nuestras vidas pueden experimentar cambios en la salud, en la faz financiera, en el carácter, en la mente, geográficos, culturales y por cierto los cambios del alma y del espíritu, entre otros. Todo lo que tiene vida experimenta cambios.

Existen varias clases de cambios: a) Cambios para peor; b) Cambios para mal; c) Cambios para bien y d) Cambios para mejor. Existe un dicho que dice una gran verdad: “Cambiar y cambiar para mejor, son dos cosas completamente diferentes”. El deseo de Dios es que nosotros, sus hijos, seamos personas que no sólo cambiemos, sino que cambiemos para lo mejor. La Biblia llama a esto una transformación.

La palabra “transformación” en el original griego, deriva de la palabra “metamorfoos”, de donde sale la palabra “metamorfosis”, que es el proceso en el cual un simple gusano se transforma en una bella mariposa.

Muchas personas tienen la intención de cambiar para mejor, pero nunca lo logran porque no han aprendido lo que se llama “la dinámica del cambio”.

Principios indispensables para tener en cuenta y comprender el proceso o la dinámica del cambio.
Recuerde que el Señor en este tiempo nos está invitando a cambiar, ser transformados, para que vayamos de “gloria en gloria” (2 Corintios 3:18); de “fe en fe” (Romanos 1:17) y de “poder en poder” (Salmos 84:7). Para lograrlo necesitamos saber que:

A. Los cambios no son un suceso o acontecimiento de una sola vez en la vida, sino que se repiten en etapas o ciclos durante toda la vida.
B. Los cambios llevan tiempo, no suceden generalmente de inmediato.
C. Los cambios requieren hacer ajustes y correcciones.
D. Los cambios tienen que tener un blanco definido. (Por Ej.: Voy a cambiar mi carácter agresivo. Si tenemos varias cosas que cambiar poner un orden de prioridades para empezar por una a la vez).
E. Los cambios tiene que tener una meta principal: deben estar respaldados por la Palabra de Dios y glorificar a Cristo. Todo cambio que no se haga de esta manera es pura vanagloria.

Porque muchos se resisten al cambio
Algunas razones son:

1. Temor a lo desconocido
Cambiar implica moverse a nuevas áreas, desconocidas muchas veces, sin conocerlas de antemano. Implica salir del área de comodidad donde hemos vivido por mucho tiempo para hacer algo nuevo. Gracias a Dios que en 2 Timoteo 1:7 leemos que Dios no nos ha dado espíritu de cobardía o timidez, sino de poder para hacer los cambios que sean necesarios. Para poder cambiar se hace necesario actuar en fe, creyendo a lo que Dios dice Su Palabra, pues sin fe es imposible agradar al Señor (Hebreos 11:6)

2. El factor riesgo
No se puede cambiar sin tener que tomar riesgos. Uno ha visto que los cambios que deseo hacer, han funcionado bien en otros, pero no sabemos si será igual en nosotros. Siempre en el proceso hacia la victoria esta implícito el riesgo hacia la derrota.

3. El medio ambiente que nos rodea
Llamamos así al lugar o atmósfera donde hemos crecido y vivido. Todo ese trasfondo nos ha creado una idea o patrón mental de cómo vivir para siempre. He leído que el elefante de circo, al que generalmente vemos bien tranquilo y atado solamente con un lazo aferrado a una estaca, no se suelta. ¿Cómo puede ser que el elefante no rompa el lazo con la fuerza que tiene y se escape? La respuesta es que desde pequeño el cuidador se toma el trabajo de entrenar al elefante, atándolo con algo resistente que no pueda romper. Al principio el elefante tira una y otra vez para romper la soga. Lo hace muchas veces, hasta que se da por vencido, se le ha formado en su mente el patrón “de que nunca romperá la cuerda”. Vivirá con ese patrón de pensamiento todos los días de su vida.

Gracias a Dios no estamos impotentes como el elefante. Podemos vencer el poder del medio ambiente con el poder de la Palabra poderosa y cambiante de Dios, pero debemos saber que muchas veces nuestros familiares y amigos (si bien ellos pueden ayudarnos a cambiar) también pueden impedirnos o frenarnos de realizar cambios trascendentales.
Hebreos 11:15 dice: “pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron (el patrón del medio ambiente), ciertamente tendrían tiempo de volver (no intentar el cambio)”

4. El síndrome del éxito rápido o instantáneo
La sociedad nos ha hecho creer que se puede obtener éxito rápido, pero la realidad de la vida y la experiencia nos dice que es al revés. La espera y la paciencia, sumado al sacrificio, son ingredientes necesarios e indispensables en el proceso del cambio. Uno espera con paciencia porque sabe que logrará algo al final del recorrido. Gálatas 6:9 nos dice: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, sino desmayamos.” El pasaje habla de no cansarse ni desmayar, pues para cosechar primero hay que sembrar con sudor o sacrificio. Los cambios trascendentales, para mejor, siempre requieren sacrificio.

Las etapas o pasos en del proceso de cambio
Dijimos anteriormente que el cambio es un proceso que requiere tiempo. Cada nivel de cambio puede tener un incremento de dificultades y problemas. Algunos cambios suceden más rápidos que otros, algunos son más dolorosos que otros y demandan un alto grado de esfuerzo. Cualquiera sea la situación que enfrentemos, necesitamos tener en cuenta los siguientes pasos para efectuar cambios significativos:

PASO 1: La mente
Si podemos cambiar la manera de pensar, podemos entonces cambiar todo lo demas. No se pueden realizar cambios trascendentales sin cambiar la forma de pensar. Para comenzar a cambiar la mente, el ingrediente de la informacion se hace necesario. El enemigo sabe esto y hara lo possible para que no recibamos informacion ni accedamos a ella. Oseas 4:6 dice “mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento” Cuando recibimos “luz” o informacion de algo, nuestros ojos se abren y podemos cambiar. Siempre la información nos da revelación; la revelación es el iniciador de la transformación; y la transformación es la avenida para la manifestación de Dios. Para poder informarnos correctamente tenemos que desear oir y aprender a oir. El Señor en su mensaje a la Iglesia en Apocalipsis le repite una y otra vez “el que tiene oido, oiga lo que el Espíritu dice…” (vea Apocalipsis 2:7, 11, 17, 29, 3:6, 13, 22)

PASO 2: Actitud
Luego de cambiar la mente o manera de pensar, lo siguiente y dificultoso para cambiar es la actitud. Nuestra actitud es la expression de nuestro ser interior. La actitud es la diferencia entre ganar o perder; fallar o tener exito. La actitud no es apariencia, habilidades. Ella puede ser negativa o positiva, de fe o de incredulidad, de victoria o derrota. Proverbios 18:14 dice: “El ánimo del hombre soportará su enfermedad; más ¿quien soportará al ánimo angustiado?”

PASO 3: Estilo de vida
No se puede cambiar un estilo de vida, sin primero cambiar la mente y la actitud. El estilo de vida cambia cuando abrazamos la verdad de Dios, los principios de Su Palabra, y ésta llega a ser una manera de vivir. Juan 8:32 dice; “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. La vida cristiana no consiste en cumplir reglas religiosas sino en un impacto interior, por la Palabra de Dios y el Espíritu Santo, que transforma nuestra vida de adentro hacia afuera.

PASO 4: Cultura
Cuando la mente es renovada, la actitud cambiada, y el estilo de vida cambiado, todo eso llevará a afectar para bien nuestra cultura. Dicen los sociólogos que lleva entre cinco y siete años traer un cambio a una cultura establecida y enraizada por años. Por cierto, sólos no podemos cambiar el mundo, pero sí podemos cambiar nuestro mundo y el que nos rodea. Mateo 5:13-14 dice: “Vosotros sois la sal de la tierra…vosotros sois la luz del mundo…”


La rueda del cambio
Existen seis ciclos importantes, que cuando se los practican, originan un cambio significativo. Es como una rueda que se moverá y avanzará. Ellos son:

CICLO 1: Reconocer la necesidad del cambio
La idea aqui es mirarnos, como en un espejo imaginario, a nosotros mismos, para saber como estamos en el presente y ver que se hace vital, necesario e indispensable cambiar. Seria bueno hacerlo a solas y una vez que nos hemos visto, expresar con palabras y decir, por ejemplo: -“No puedo ni quiero seguir teniendo éste caracter explosivo, ésta actitud negativa, esos sentimientos rencorosos, etc. No quiero que ésta caracteristica me siga perjudicando y destruyendo. Necesito cambiar por algo mejor, que sea saludable para mi, bendiga a otros y glorifique al Señor”-

CICLO 2: Visualizar el futuro
La idea es mirar por fe hacia adelante y expresar como nos gustaria llegar a ser. Este es quizas el eslabon más importante del proceso de cambio. Aquí uno puede gestar en fe su futuro, lo cual lo llevará a desear realizar cambios trascendentales. Este es un paso que influenciará positivamente la decisión de cambiar. Aquí la idea es ver, por fe, los beneficios del cambio, como así también ver las consecuencias por no cambiar.
Ver por fe es imaginarnos hablando palabras que edifican, teniendo una actitud perdonadora y no rencorosa, rompiendo habitos negativos y fluyendo con actitudes nuevas. Es vernos con la apariencia física adecuada, con el nivel de vida económico que Dios quiere, con la armonia y felicidad matrimonial que nunca antes hemos tenido, etc.

CICLO 3: Aceptar la necesidad de cambiar
Aqui es donde uno decide quedarse satisfecho como uno es, como está o si realmente quiere ver las cosas cambiar para mejor. Aquí es donde se tiene la certeza de fe que será necesario implementer cosas nuevas.

CICLO 4: Desear cambiar
En este punto la persona quiere realmente experimentar el cambio transcendental, pero siente impotencia pues no sabe como hacerlo. Es aquí donde se hace necesario buscar ayuda para que nos guien y aconsejen apropiadamente. Los cambios trascendentales en Dios no se realizan a solas. Uno necesita:
a) La ayuda directa de Dios por medio de su Espíritu Santo
b) La ayuda de Dios a través de las autoridades espirituales de la Iglesia local y/o hermanos maduros en la fe. Es aquí donde debemos aprender a dejar la verguenza de lado, buscar ayuda, abrir el corazon, escuchar con atención y aplicar lo que nos han enseñado y ministrado.

CICLO 5: Planear o trazar un plan de cambio
Aqui la persona desarrollará una estrategia de cambio, paso a paso, en forma ordenada y progresiva que lo llevará del desorden al orden, del desequilibrio al equilibrio; de lo negativo a lo positivo; de lo peor a lo bueno y a lo mejor. Para crear un nuevo patrón de vida o conducta, se require paciencia y perseverancia.


CICLO 6: Poner en práctica el plan
Aquí se hace necesario desarrollar el hábito de la obediencia a la estrategia trazada, cuando fue a pedir ayuda y consejo. Se hace necesario no dejarse llevar “por lo que siente” sino “por lo que debo o necesito hacer”


El Espíritu Santo, por medio de ésta enseñanza bíblica profunda le está diciendo en ésta hora que hay cosas que cambiar de su vida, matrimonio, negocios, ministerio, etc. Usted ya no puede seguir así. ¡Tiene que cambiar! No se resista al cambio, permítale al Señor trabajar en su vida. Usted decida hacer su parte, creyendo lo que dice 2 Corintios 3:18:
“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el espíritu del Señor” ¡Este es el tiempo y ésta es su oportunidad para realizar cambios trascendentales y experimentar una poderosa transformación por la Gracia de Dios!

LA CLAVE DEL FORTALECIMIENTO ESPIRITUAL

10/09/2008

LA CLAVE DEL FORTALECIMIENTO ESPIRITUAL

Isaías 40:27-31

Introducción

Hay ocasiones en la vida en que la desilusión, el agotamiento y la desesperanza se apoderan de nosotros y sentimos una pesada carga que no nos deja seguir hacia adelante. Cada uno de nosotros conoce de estos momentos, momentos en que nos sentimos sin fuerza para enfrentar los problemas de la vida cristiana. Son momentos en los cuales podemos decir como el salmista: " Abatida hasta el polvo esta mi alma"; o como el profeta Elías sentarnos bajo el enebro y decirle el Señor: " basta ya, oh Jehová, quitame la vida". Realmente hay momentos en la vida en los cuales Dios nos parece remoto, desinteresado y la Biblia no tiene sentido para nosotros. La generación de Isaías se enfrento a días devastadores. Serian llevados cautivos. Vivirían en el exilio. En dicha experiencia se hundirían emocional y espiritualmente. Cuando miraban el largo camino de vuelta a casa se quejaban de no tener la fortaleza para hacerlo. Pensaban que Dios le estaba pidiendo que hicieran algo imposible. En este pasaje el profeta señala un camino para salir de este vacío.

IDEA SERMONICA ¿Cual es, entonces, la clave para el fortalecimiento espiritual que Dios nos presenta en este pasaje? Esta compuesta de tres elementos: un conocimiento renovado de Dios, un reconocimiento de nuestra condición y una apropiación personal de Dios.

I. El fortalecimiento espiritual demanda un reconocimiento renovado de Dios. vs. 28

Si Tozer tuvo razón cuando afirmo que lo mas importante en la vida es entender quien es Dios, la generación actual esta en serios problemas. Hoy nuestra forma de ver a Dios son mayormente, de acuerdo con nuestra preferencia. El problema del pueblo de Israel radicaba en que habían quitado su vista de Dios y se centraron en ellos mismos.

vs.27 La razón por la cual el profeta nos presenta a Dios en su majestad es para que entendamos que tenemos un Dios Todopoderoso y suficiente para socorrernos en nuestra debilidad. "vuestro conocimiento de Dios es demasiado humano", dijo Lutero a Erasmo de Rotterdan. Necesitamos renovar nuestra visión de Dios. El dios en el que decimos creer ser ha vuelto intrascendente. Es un dios que podemos manipular; es un Dios que no nos hace temblar, que no nos anima a levantarnos y venir a su casa a adortarle con todo el corazón. Daniel dijo: "el pueblo que conoce a su Dios se esforzara y actuara" y el mismo Señor dijo: "y esta es la vida eterna que te conozcan a ti el único Dios verdadero y a Jesucristo a quien has enviado". En el versículo 28 hay cuatro atributos de Dios que son piedras fundamentales para esta vida.

· Dios es eterno. " no habéis oído que el Dios eterno es Jehová" Por ser eterno no conoce el cambio, ni la decadencia. Porque es intemporal puede ayudarme en mi corto tiempo.

· Dios es infinito. "que creo los confines de la tierra" Cuando decimos que Dios es infinito queremos decir que EL no conoce limite. Dios es inconmensurable, o sea, no se puede medir. No hay límites a su presencia. No hay lugar donde El no pueda ser hallado. Porque es ilimitado puede ayudarme en mi poco espacio.

· Dios es inagotable. "no desfallece ni se fatiga con cansancio" Dios es incapaz de fatiga o de debilidad. Porque Dios es inagotable, puede ayudarme en mi agotamiento.

· Dios es inescrutable. “y su entendimiento no hay quien lo alcance".

La mente y el entendimiento de Dios son insondables y están mas allá de todo escrutinio. Por ser inescrutable su inteligencia, no hay quien pueda frustrar sus designios. Hermanos, ¿que tanto meditas tú en el carácter de Dios? ¿Dedicas tiempo para meditar en su grandeza? ¿Acaso no se debe tu debilidad a que le has echado a un lado y Dios ha venido a ser un extraño para ti?

II. El fortalecimiento espiritual demanda un reconocimiento de nuestra condición. vs. 28,30

Hay una verdad que sala a relucir en estos versículos y es que Dios otorga su poder a hombres y mujeres agotados. Dios demanda de nosotros que reconozcamos nuestra incapacidad, El suplir nuestra necesidad. Este es el modo especial en que Dios obra. Envió un aguijón a Pablo que lo abofeteaba, lo avergonzaba y humillaba. Pablo rogó a Dios tres veces que lo quite de el, pero el Señor le contesto: "bástate mi gracia porque mi poder se perfecciona en la debilidad". El aprendió a gozarse en la debilidad porque como dijo: "cuando soy fuerte, entonces soy fuerte". Este es el mismo Pablo que aprendió a decir: "todo lo puedo en Cristo que me fortalece" Lo más selecto y fuerte de nosotros necesitamos de ese poder. Desfalleceremos alguna vez en la lucha de la vida. Aun queda un tercer elemento:

III. El fortalecimiento espiritual demanda una apropiación de Dios. vs. 31

La condición para aquellos que quieren tener nuevas fuerzas es "esperar en Jehová". Todo el capitulo ha enseñado la locura de confiar en la "carne" o en los ídolos, haciendo ver al pueblo que su sabiduría consiste en volver a Jehová de todo corazón. Los que esperan en Jehová son los que creen que EL le puede liberar y esperan que de cumplimiento a sus promesas. Esperar no es pasivo, sino un ejercicio activo y vigilante que absorbe el poder de Dios. “Esperar" no sugiere que nos sentemos ahí a esperar sin hacer nada. Significa "tener esperanza", acudir a Dios para todo lo que necesitamos. Es como un niño que viene donde su padre con un juguete desinflado, esperando que su aliento lo llene de nuevo. La expresión "nuevas fuerzas" se refiere a un "intercambio", como quitarse una ropa vieja y ponerse una nueva. Nosotros cambiamos nuestra debilidad por su poder. Cuando esperamos delante de El, Dios nos capacita para levantar alas cuando hay una crisis, para correr cuando los desafíos son abundantes, y caminar fielmente en medio de las exigencias de la vida diaria. El no ata las águilas al suelo, ni hace a otros volar mas alto de lo que pueden.

Conclusión:

Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el señor esta la fortaleza de los siglos. Isaías 26:4

Dignidad

1/23/2008

Dignidad
Por Raquel J. López Oliver

En mi experiencia trabajando con jóvenes, particularmente con chicas, me he dado cuenta que en la búsqueda de quiénes somos y lo que queremos, muchas veces olvidamos nuestros principios básicos y ‘tambaleamos’ con nuestras convicciones. En ocasiones dudamos del lugar que podríamos alcanzar por miedo a quedarnos solas. Es por eso que quisiera hablar de una palabra que ya casi ni escuchamos: D.I.G.N.I.D.A.D.

Una de las historias que más ha impactado mi vida se encuentra en el libro de Ester. Me quisiera referir a la vida de la reina Vasti, quien más allá de las consecuencias, puso su dignidad como prioridad a pesar de las consecuencias.

El rey Asuero era un hombre poderoso, rico, orgulloso de su reinado y de su esposa, la reina Vasti. Es tanto así que cuando los invitados en sus fiesta habían pasado varios días festejando y tomando, él le ordenó a ella exhibirse ante ellos usando su corona real, o como algunas fuentes sugieren, usando ‘solamente su corona real’. Ella se rehusó a presentarse y a pesar de que aquí apenas comienza la historia me quiero mantener en el rehúso de la reina sin llegar a su reemplazo por Ester.

Vasti sabía con toda seguridad a qué se enfrentaría al negarse a ante el Rey. Demostró que consideraba de más valor su dignidad como mujer que el mismo favor del rey al exhibirse como objeto público. Para nosotros ese fue el final de su historia, para ella posiblemente fue el comienzo de su exilio y de el disfrute de una vida digna.

Estamos invadidas, saturadas e hipnotizadas por un modelo genérico, estandarizado y comercializado de lo que es ser una ‘mujer ideal’. Un ideal que viene desde las ‘nuevas modas de seducción’ en donde le decimos a los chicos ‘mírame pero no me toques’, un ideal que nos hace mirar a los chicos como objetos y no como seres que tienen sentimientos y emociones porque nos han hecho creer que ‘todos son iguales’, un ideal que nos hace pensar que el futuro se mide a base de probar relaciones y para ver cuál escoger.

Amigas, hermanas y chicas: ¡La dignidad no es mercadeable! La dignidad va por encima de decretos, modas, culturas y hasta subculturas. Sí, ya me imagino que quieres que te de mi definición de dignidad. En mi opinión dignidad es el valor que se le da a la vida. Según el diccionario Larouse la dignidad es una cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen ni degraden.

Concluyo diciéndote que quienes somos ahora determina muchas cosas de nuestro futuro pero las circunstancias no necesariamente lo determinan. Posiblemente haya habido alguna ruptura en el noviazgo, o la figura de padre en tu hogar haya faltado, quizás te hayas sentido rechazada, en fin tantas situaciones en nuestras vidas que pueden estar pasando, pero quisiera que te grabaras esto: Así como Vasti, quien puso su dignidad por encima de su seguridad económica, matrimonio, amistades, modas, palacio, etc., debieran ser las circunstancias las que nos convenzan cada día a pensar que ¡nuestra vida se merece dignidad!

Reprobado en Paciencia

Reprobado en Paciencia
Por Francis Montás.

Sin dudas que el ministerio juvenil produce emocionantes lecciones y aprendizajes; pero tengo problemas con una materia en particular, una de las que con más frecuencia repruebo. Se trata de…paciencia. Confieso que no me gusta para nada. Cuando creo que he avanzado algo en ese renglón, en cualquier momento, vuelvo hacia atrás. Mentalmente estoy estructurado para esperar que 2+2 siempre es igual a 4. Es algo así como que el resultado debe ser directamente proporcional al esfuerzo.

Lo que estoy diciendo, es que me he formado algunas expectativas con los jóvenes a los cuales Dios me ha dado el privilegio de servirles en la pequeña iglesia que pastoreo. Me esfuerzo y espero que el resultado sea el mismo que he planificado. Aritméticamente parece que estoy en lo correcto. El problema es que de nuevo en cualquier momento la realidad viene y…Zass! Las cosas no salen como las espero. De golpe, se caen algunas expectativas. Y... ya saben. Vienen los berrinches, los pataleos normales, lanzarle preguntas a Dios; ah, y de paso, como quien no quiere la cosa, le dejo una amenaza encubierta con una muy piadosa oración…”Si tu quieres puedo hacer otra cosa. Total, esto lo hago por Ti”.

Ya me ha ocurrido tantas veces que perdí la cuenta. Reflexionando acerca de esto me doy cuenta que el problema tiene que ver exclusivamente con las expectativas que YO (Así en mayúsculas para maltratar el ego, je,je,je) tengo sobre los jóvenes a quienes sirvo. Lo que estoy diciendo es que, cuando en esos jóvenes no se cumplen las expectativas que tengo, soy capaz de enojarme y mucho. Me cuesta entender que no siempre en el ministerio 2+2 es igual a 4.

Los que trabajamos con adolescentes y jóvenes podemos caer en la tentación de olvidar que los resultados generalmente van lentos. Nos emocionamos cuando vemos a los jóvenes con gran fervor en la más reciente reunión juvenil; pero luego nos desplomamos cuando descubrimos que el fervor de la semana pasada se fue a una disco en extremo venenosa y nos dejó esperando con todo y la responsabilidad que tenía en la iglesia. O simplemente cuando descubrimos que una parte de los jóvenes para quienes planificamos un excelente programa, se quedaron en casa viendo en la tele el electrizante partido de béisbol que pasaban esa noche (En mi país el béisbol es el deporte rey) y no podían perderse a sus jugadores y equipos favoritos.



Lloramos de alegría cuando notamos lo rápido que avanzan en el discipulado y nos cuentan sus testimonios; y volvemos y lloramos junto a ellos cuando nos confiesan “Soy muy débil, no pude ser fiel a Dios, no puedo controlar mis deseos, lo siento, fallé otra vez...”

Por más que avanzo en el ministerio muchas veces olvido que la mejor expectativa es la de Dios, no la mía. El mejor resultado sigue siendo el que Dios empuja, no el que yo pujo. El más grande crecimiento es el que Dios sopla, no el que estoy halando. La madurez perfecta es la que Dios planificó en Cristo, no la que planifico saturando a los jóvenes con mis conocimientos. El mejor programa es donde está Dios, no donde estoy yo.

Y para avergonzarme mas, llega a mi mente una preguntita: Francis: …Y tu, ¿Estas cumpliendo las expectativas de Dios?
Oh, mi Dios, que fuerte! ¡Tumba eso!

Algunos líderes pensamos que nuestra cuenta con el Señor corre separadamente. Ignoramos que mientras Dios trabaja con los que lideramos, nunca se detiene con nosotros. Al mismo tiempo estamos siendo procesados. Todos estamos en el bote, en la misma noche de tormentas y mar tempestuoso. Y solo Jesús es el capitán.

El ministerio con los jóvenes requiere que sus líderes se ejerciten en paciencia. Mucha paciencia y perseverancia. Total, alguien más esta teniendo esa clase de paciencia con nosotros. Por eso, aún estamos aquí. “Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante”. Heb. 12.1(b). “Porque es necesaria la paciencia para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa”. Heb.10.36

Francamente, si lo pensamos bien, los líderes no somos tan diferentes de nuestros chicos y chicas. Así que mientras esperamos con paciencia resultados en ellos, oro y espero que no perdamos la paciencia con nosotros mismos cuando nos toque responder la pregunta ¿Estas tu cumpliendo con las expectativas de Dios?

Hijos de pastor. . . lo peor.

Hijos de pastor. . . lo peor.
Por Junior Zapata

Uno de mis primeros recuerdos de la iglesia es estar sentado en una de las bancas de cedro adelante. Por alguna razón, a los hijos de predicadores y pastores nos sientan siempre adelante. Alguien en algún tiempo tuvo brillante la idea de hacer pensar a los demás que mientras mas adelante se sienta uno en la iglesia mas “santo” o mas “cristiano” es. En fin, mi recuerdo es estar en esa banca y ver a una hermana que con su dedo apuntándome a la cara me decía: “¡¡Junior, te tienes que portar bien porque tu papá está predicando!!”.
Hoy, 30 años después, aún no entiendo lo que la hermanita me estaba tratando de decir. ¿Qué?, ¿quiere decir que si mi papá NO estaba predicando entonces me podía portar mal? No quiero sonar poco brillante pero ¿qué tenía que ver el hecho que mi papá estaba predicando con que yo me portara bien? Acaso ¿no nos debemos portar todos bien todo el tiempo no importando quién esté predicando? Ahahahaha, los grandes misterios de nuestro universo!!!!!!
Yo creo que no hay mucho misterio. Creo que es obvio el problema serio que afrontamos como iglesia con aquellos que son hijos de “Líderes” o “Pastores”. Al mismo tiempo, no quiero poner el problema fuera de proporción. Hay muchos hijos de líderes cristianos que no hemos tenido la clase de problemas de rebeldía que generalmente se nos atribuyen. Hemos tenido problemas, si, pero no hemos llenado el perfil que generalmente (y muchas veces erróneamente) se le atribuye a los hijos de pastores.
Quiero ser claro aquí, yo se que yo no era el niño merecedor del diploma por mejor comportamiento. De niño yo no necesitaba oración, creo que necesitaba liberación!!!!!!! Solo pregúntenle a mis maestros de Escuela Dominical o a los compañeros de ministerio de mis papás. No me acuerdo muy bien, pero creo que cuando yo entraba los domingos en la mañana al edificio de la Escuela Dominical, los maestro no decían: “ Huy, allí viene Junior”, creo que decían: “ Huy hay viene el gadareno” !!!!!!!. Y juzgando mis recuerdos ahora como persona mayor, tengo que acceder a que mis pobres maestros tenían razón!!
Lo interesante es que ahora también puedo juzgar que mi comportamiento no era porque era hijo de un predicador sino era resultado de ser un niño hiperactivo. Sí, yo era hijo de pastor, pero también era hiperactivo. Y recuerdo que había en la iglesia otros niños hiperactivos y traviesos como yo, pero en ellos, ese comportamiento los hermanos lo veían como normal. En mi, lo miraban como resultado de ser hijo de pastor.
Esta creo que es la raíz del problema; las expectativas que tenemos de los hijos de nuestros líderes. Los medimos con la misma vara con que medimos a nuestros líderes. Vemos a Pedrito, vemos a Susanita, y queremos ver a un pastorcito a una pastorcita. Estamos muy equivocados.
Si tan solo dejáramos en paz a los hijos de nuestros pastores y líderes. Si los dejáramos ser según su personalidad. Si los disciplináramos según su edad y no según la posición de sus padres, ellos crecerían en un ambiente que ellos respetarían porque percibirían que la gente al rededor respeta su personalidad, su forma de ser y su espacio personal.
¿Cómo queremos que los hijos de nuestros líderes sean lumbreras si desde pequeños han crecido con la famosa frasecita: “ Hijo de pastor. . .lo peor” ?
Una vez, después de hacer una de mis famosas travesuras en la iglesia (le puse una rata blanca en la bolsa a mi maestra---ya me perdonó--) uno de los adultos me miró hacia abajo con mirada de dios griego y me dijo: “Bien dicen, hijo de pastor lo peor”.
En la noche, después de que en mi casa me habían disciplinado por mi hazaña, pregunté a mi mamá qué significaba esa frase. Ella me dijo: “¿Quién te dijo eso hijito?” –“ El hermano Ramiro”—le contesté, no entendiendo la cara de curiosidad de mi mamá (ahora ya la entiendo!!). “Ah”—me contestó—“ el hermano Ramiro se confundió, lo el quiso decir fue ‘hijo de pastor lo mejor’!!!!!!!” Mi mamá siempre sembrando positivismo en mi corazón. “ Lo que hiciste estuvo mal”,--continuó diciéndome—“ pero lo que el hermano Ramiro te dijo no fue por eso. Eres tan bueno y tan lindo –(quiero creer que aún lo soy!!!!!!!)—que eres lo mejor”.
¿Qué le estamos sembrando en el corazón a los hijos de nuestros líderes? ¿No creen que si sembramos en ellos que son lo mejor y que son especiales, crecerán comportándose como los mejores y los mas especiales?
Quiero pedirles perdón por ponerme de ejemplo, pero humildemente les digo que es el mejor que pude encontrar!!!!!! Basado en mi propia experiencia, quisiera compartir lo que yo creo que son las responsabilidades de la iglesia hacia los hijos de pastores y líderes. También quisiera compartir lo que aprendí de mis padres creciendo como hijo de líder. Y como “bonus track” le quiero compartir unos pensamientos a mis compañeros de batalla, los hijos de pastores.
Cosas que aprendí de la iglesia:

Mi papá es el pastor, no yo. En 1 Crónicas 29 vemos un ejemplo clásico de esto. El Rey David estaba dando sus últimas instrucciones para la construcción del templo y la continuidad del Reino. El capítulo abre con la instrucción firme y específica a toda la congregación: “ Sólo a mi hijo Salomón ha elegido Dios. El es joven e inmaduro . . .”. Wow!!! David no sólo le estaba hablando a “su” congregación, nos estaba hablando a todos nosotros. Los hijos de nuestros líderes han sido escogido por Dios para estar en La Obra con sus padres pero no son como sus padres, por un tiempo serán jóvenes e inmaduros. La iglesia adulta y madura tiene la responsabilidad de amarlos así y ayudar a su crecimiento espiritual para que su amor por la iglesia crezca y no disminuya como muchas veces lastimosamente es el caso.

Castíguenme porque me porto mal, no porque mi papá es pastor. Yo no digo que hay que tolerar el mal comportamiento. Pero sí creo que debemos ser justos y disciplinar por las razones correctas. Los procedimientos disciplinarios que la iglesia tenga se deben aplicar. Pero no hay excusa de sacar la ya trillada bandera de que “tienes que dar el ejemplo”,--¿ejemplo de qué? o “No te da vergüenza, tu papa es el pastor”--¡No!, no me da vergüenza portarme mal, ni me da vergüenza que mi papá sea el pastor.

Prémienme por lo que soy no por lo que mis papás son. Muchas veces los hermanos de la iglesia cometen el error de darle privilegios a los hijos del pastor no porque son competentes sino para que el pastor se sienta bien que a sus hijos los toman en cuenta. Si los hijos del pastor son buenos para cantar hay que ponerlos a cantar, si no sirven para cantar, pónganlos de burritos en el drama de Jesús entrando a Jerusalén, pero no les den un privilegio que no les corresponde. Y cuando se lo den, asegurense de que sepan que es por sus méritos y no por los méritos de sus papás.

El líder de la congregación es mi papá, no yo. Muchas veces, se le otorga a los hijos de pastores cierta aura de autoridad por el puesto que el papá o la mamá tiene. Eso es un grave error, especialmente si son adolescentes. Los hijos de líderes, tienen el derecho a hacer fila afuera en el estacionamiento antes de un evento como el resto de la gente. Tienen derecho a sentarse hasta atrás si llegaron tarde. Tienen derecho a no poder estacionar su propio vehículo en un estacionamiento preferencial. Le damos el mensaje equivocado a los hijos de los líderes y al resto de la congregación cuando los hijos tiene privilegios desproporcionados. A menos que la congregación sea propiedad del pastor y de la pastora, la verdad es que debería haber miembros de la iglesia con mejores “beneficios”.

Cosas que aprendí de mis papás:

Nunca los oí hablar mal del Ministerio. Mis papás nunca nos envenenaron con las quejas del ministerio. Y me imagino que las había. Nunca hablaron mal de “los hermanos” enfrente de nosotros. Me recuerdo una vez que mi papá tuvo que dejar el liderazgo de un ministerio por la ambición de alguien mas que quería su puesto, mis papás nunca hablaron mal de la situación ni del hermano. Como mis papás nunca se quejaron del ministerio, yo crecí aprendiendo que era la vida mas emocionante que había y naturalmente le pedí a Dios que me llamara a La Obra así como había llamado a mis padres

Nunca nos pidieron que nos portáramos como “hijos de pastores”. Muchas veces nuestros líderes les piden a sus hijos que dejen de hacer algo o se comporten de cierta forma por la posición de liderazgo que ellos tienen. Les tengo malas noticias, su hogar es mas importante que su ministerio. Si se siente presionado porque sus hijos “den el ejemplo”, de el ejemplo usted primero, dedíquese a sus hijos mas que a su ministerio. Muchas de las cosas que yo hacía y mucho de mi comportamiento muchas veces tuvo que haber avergonzado a mis papás. Pero ellos pedían que yo cambiara no porque ellos eran “líderes” sino porque yo tenía que honrar a Dios. Eso era lo importante para ellos, yo, entonces crecí aprendiendo también que eso debía ser lo importante para mi.

En la Iglesia y en la casa, mis papás eran los mismos. Con tristeza tengo que decir que al hacer consejería con muchos hijos de pastores, me doy cuenta del doble mensaje que reciben de parte de sus padres. En la iglesia mi papá era caballeroso con mi mamá, en la intimidad de nuestra casa también. Delante de los hermanos mi mamá era cariñosa conmigo—a pesar de mis maravillosas travesuras!!—en la intimidad de nuestra casa también. En el púlpito mi papá predicaba con poder acerca de la oración y cuando yo me levantaba al baño a las 4:00 a.m. yo miraba a mi papá de rodillas orando—todos los días—. Mi mamá regañaba a las hermanas para que dejaran de ver telenovelas y leyeran su Biblia. En la casa, si mi mamá no estaba haciendo el oficio, estaba leyendo su Biblia—siempre— En la Iglesia y en la casa, mis papás eran los mismos.
Cosas que aprendí como hijo de pastor:

Dios tiene un lugar especial en Su corazón para los hijos de pastor. Dios sabe que muchas veces yo tuve que “ compartir ” a mis papás con Su Obra. Las noches que tal vez me dormí y mi papá no había llegado porque el servicio se había alargado. Los fines de semana que no pude ir al parque de diversiones como todos mis amiguitos porque nosotros íbamos a la iglesia. La vez que yo quería ir a ver a mi equipo preferido de fútbol pero ese día mi papá ya tenía compromiso para predicar. Todo esto Dios lo guarda en Su corazón de Padre y nos lo recompensa. Tal ves hemos llorado porque nuestro sistema de vida es diferente al de las familias de nuestros amigos. Dios sabe esto, por eso ha prometido que los que sembramos con lágrimas cosecharemos con regocijo. En mi caso, ¡¡cómo he cosechado de bien!!

Los hijos somos el regalo de Dios a nuestros padres. En el Salmo 127 Salomón describe lo que él vio en su padre el Rey David. Obviamente, David le hizo sentir a Salomón que el como hijo era la bendición mas grande que tenía. “He aquí, heredad de Jehová son los hijos; recompensa es el fruto del vientre.”(vr. 3) Nosotros somos la herencia que Dios le ha dado a nuestros padres. Es privilegio de ellos tenernos, y es privilegio nuestros ser ese regalo para ellos. Tal vez no muy te gusta la idea de haber nacido en un hogar de pastores, pero eso no lo puedes cambiar porque Dios quiere que esa sea bendición para tus padres y para ti. Es un privilegio muy alto. No somos hijos de los ancianos de la iglesia, no somos hijos de la maestra de Escuela Dominical. Somos hijos de nuestros padres y somos el regalo de Dios para ellos, si eso no le gusta a la iglesia, el problema es de ellos.

Mi papá es el pastor todo me faltará. . . . A veces, dependiendo de la naturaleza del Ministerio, los hogares de pastores y líderes no tienen todas las comodidades que los hijos quisieran tener. Aún así, Dios nunca los abandona y siempre les da lo necesario. Afortunadamente, muchos ministerios cuidan bien de sus líderes y sus familias. Tal ves como hijo de pastor o líder te has sentido limitado en lo que tienes y en lo que puedes tener. Tenemos que recordar que fuimos llamados como familia a servir a Dios por fe, no por dinero. Y al final del camino te darás cuenta que vale mucho mas la pena vivir por fe que por el trabajo. Tal ves no pudiste tener todas las cosas que quisiste pero se que tuviste lo que necesitabas. Cada ves que deseaste algo y no lo podías tener a causa del llamado de tus padres, Dios te lo va a dar a lo largo de tu vida. Tus hijos van a cosechar lo que tu sembraste. No digas que creciste en pobreza, porque ese es un termino de nuestra sociedad consumista y materialista. Pobre no es el que no tiene, pobre es el que no cree. Los hijos de pastores tal vez no heredamos terrenos, ni fortunas, ni reinos, heredamos algo mas valioso. Heredamos algo que otros, por mucho que amen a Dios, no pueden heredar si no están en La Obra. Se nos deja una legado espiritual, el hecho que nuestros padres no sirvieron en la industria, no sirvieron en el gobierno o en los negocios, sirvieron con sus vidas y sus hijos al Dios Altísimo creador del universo. “. . .pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” , es mas que un versículo bonito en Josué 24 para colgar en la cocina. Es la declaración de Josué a la congregación y a sus propios hijos que lo mas importante que el le dejaba a su familia no eran los terrenos, las pertenencias o cualquier otra cosa material, la herencia que el dejaba era que él y su familia habían servido y servirían a Jehová.

“Hijo de pastor . . . ¿lo peor”?, no creo. Seremos lo que la iglesia espera que seamos. Iglesia, instruye al hijo de pastor en su camino y cuando sea grande no se apartará de el.

Humanismo, decisiones y Josué

Humanismo, decisiones y Josué
Por Félix Ortiz

Josué es uno de los grandes personajes del Antiguo Testamento. De hecho es una de las honrosas excepciones de personajes que acabaron bien, que fueron fieles hasta el final de sus días. Hemos de ser conscientes que, lamentablemente, no es posible decir lo mismo de muchos otros.

Josué fue el fiel ayudante de Moisés durante los cuarenta años de peregrinaje por el desierto antes de entrar en la tierra prometida.

Fue, juntamente con Caleb, el único de los espías que dieron un informe positivo y lleno de fe acerca de las posibilidades que Israel tenía de adueñarse de la tierra prometida por Dios. Por esa razón, el Señor le permitió entrar en la tierra.

A lo largo de los primeros capítulos del libro que lleva su nombre vemos como el liderazgo de Josué sobre Israel se va consolidando poco a poco. En varias ocasiones se nos indica que el Señor estuvo de su lado e hizo que su autoridad creciera entre el pueblo.

Josué también supo desempeñarse cuando tuvo que enfrentar situaciones de crisis. Cuando el pecado de Acán convierte en culpable a todo el pueblo, tomó el problema de frente y extirpó la maldad de en medio de Israel para volver a contar con el favor de Dios.

Como ya se ha indicado con anterioridad Josué es un positivo ejemplo de fidelidad y caminar con el Señor hasta el fin de sus días. Los capítulos 23 y 24 de su libro nos indican cómo fue íntegro y recto hasta su muerte y como animó y exhortó a Israel a reconocer el cumplimiento de las promesas de Dios y mantenerse fiel al Señor huyendo de la idolatría.

Josué también se reveló como un profundo conocedor del carácter humano. En el capítulo 24 antes mencionado reconoció la incapacidad que Israel tendría de mantenerse fiel al Señor. Muchos años de liderazgo al frente de Israel le habían dado una comprensión muy clara de la fragilidad e inconstancia de carácter de aquel pueblo. Su profecía se vio ampliamente demostrada por lo sucedido y narrado en el libro de los Jueces.

Pero Josué también tuvo sus inconsistencias y podemos aprender de ellas. Los gabaonitas supieron ponerlo en un buen aprieto.

Se nos dice que los habitantes de Gabaón eran más listos que el hambre y supieron interpretar muy bien la realidad que estaban viviendo. Se dieron cuenta de su incapacidad para derrotar a Israel ya que el Señor estaba luchando de parte del pueblo escogido.

Actuaron como dice el refrán: “si no puedes con tu enemigo, únete a él” y tramaron un ardid bien pensado, bien realizado y que dio el fruto que ellos esperaban, engañaron a Josué y el resto de los dirigentes del pueblo de Israel.

Josué peco de exceso de confianza en sí mismo y su capacidad para conocer, entender y evaluar la situación. Confió en su buen juicio y en sus propios criterios y en base a ello tomó la decisión que consideró más pertinente.

Josué se dejó llevar por los indicadores que tenía delante de sus ojos. Estos parecían tan claros, tan obvios y la situación tan contundente que no consideró necesario el consultar al Señor acerca de todo ello. Josué se consideró lo suficientemente autónomo para no precisar de la sabiduría y el discernimiento de Dios para tomar las decisiones correctas con relación al asunto que tenía entre manos. Sin duda olvidó que las cosas, muy a menudo, no son lo que parecen a primera vista.

Tres días después se dieron cuenta que habían sido engañados. Para entonces ya era demasiado tarde y ellos no estaban en condiciones de volverse atrás del juramento hecho en el nombre del Señor.

Josué y el resto del pueblo tuvieron que pagar las consecuencias de haber tomado decisiones precipitadas y sin consultar al Señor. Los gabaonitas siempre vivieron en medio de ellos y fueron de los pueblos que posteriormente de forma continuidad constituyeron una tentación permanente para Israel.

No deja de ser curioso el modo de proceder de Josué, especialmente si lo contrastamos con la forma en que procedía Balaam que de forma continuada buscaba la dirección y la voluntad de Dios antes de tomar decisiones.


APLICACIÓN EN UN MUNDO POSTMODERNO

La sociedad postmoderna es una sociedad humanista. El hombre es el centro y además es autónomo y autosuficiente con relación a Dios. Por tanto, puede tomar sus propias decisiones, basadas en sus propios criterios, en su juicio y capacidad de discernimiento sin la necesidad de recurrir a la sabiduría que pueda venir del conocimiento de Dios y su Palabra.

Josué es un buen ejemplo de la necesidad que los cristianos tenemos de buscar y considerar la voluntad de Dios antes de tomar nuestras decisiones.

Josué nos enseña que la realidad no siempre es como aparenta ser y, por tanto, no siempre nuestros criterios y capacidad de juicio y evaluación son adecuados para tomar decisiones.

Josué nos enseña acerca del peligro y temeridad de no consultar al Señor y dar por sentado que entendemos y sabemos cómo proceder delante de los retos y desafíos que vivir en una sociedad postmoderna nos plantea.

Josué en definitiva nos desafía, con su ejemplo negativo, a seguir las palabras que aparecen en el libro de Proverbios: “Confía de todo corazón en el Señor y no en tu propia inteligencia. Ten presente al Señor en todo lo que hagas, y Él te llevará por el camino recto. No te creas demasiado sabio; honra al Señor y apártate del mal” (Proverbios 3:5-7)



PREGUNTAS DE INTERACCIÓN

1. ¿Qué criterio usas para tomar tus decisiones?

2. ¿Qué significa que la realidad no es en muchas ocasiones lo que aparenta?

3. ¿Puedes poner ejemplos en este sentido de tu propia experiencia personal?

4. ¿Estas viviendo situaciones en las cuales deberías considerar cuál es la voluntad de Dios a pesar de que son aparentemente claras?

Llamados a ser santos

Llamados a ser santos

Por María Carmen Serrudo de Arana


Era un joven fuerte e inteligente, su padre le había enseñado su habilidad del negocio, y su buena cuna hicieron de él alguien que tenía mucho de que gloriarse y exaltarse. Su profunda educación con famosos y expertos maestros, y la defensa de su cultura, le dieron los bríos para tener la absoluta certeza de que lo que hacía siempre era lo correcto. Su justicia e integridad le ganaron campo en su medio social, dándole autoridad suficiente para hacer justicia en el momento propicio.

Todo iba muy bien, hasta que un día en que cumplía estrictamente su deber, ocurrió lo inesperado que lo obligó a dejar su negocio, su posición y su círculo social. Se alejó de su ciudad y fue a adiestrarse en otro "negocio", luego de varios años retornando a su ciudad natal, la gente le temía, desconfiaba de él, lo despreciaba y lo atacaba.

Pero él con toda la energía y conocimiento acumulados en su niñez, juventud, y en el tiempo de entrenamiento fuera, enfrentó aquel cambio tan profundo no solo externo y social, sino ante todo espiritual.

Su nombre era Saulo, judío de judíos, nacido en Tarso, instruido a los pies de Gamaliel, estricto en la ley de sus padres, celoso de Dios, perseguidor de los cristianos que no perdía la oportunidad de apoyar su ejecución y persuadir en las sinagogas en contra de ellos. Consiguió cartas para buscarlos incluso en Damasco.

Pero todo lo hacía convencido en lo más profundo de su corazón, por una fidelidad y un celo para agradar al Dios de sus padres. Por ello, luego del llamado de Jesucristo, la sorpresa que produjo no fue pequeña.

Su propia gente lo despreció y lo odió. Los demás cristianos lo despreciaron y le temieron, desconfiaban de su conversión, pero solo Dios conocía el cambio profundo y dramático que le había acontecido.

De igual manera, Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, durante su vida terrenal fue juzgado, criticado y condenado por decir la verdad. Muchos de los cristianos hoy en día somos igualmente juzgados y despreciados por querer luchar contra el pecado y el mal. Somos llamados justicialistas e integralistas, con menosprecio y burla. Por nuestra parte, juzgamos y criticamos a aquellos que consideramos hijos de las tinieblas, pecadores y hasta blasfemos, por el solo hecho de que no siguen nuestra misma fe. Pero, la historia se repite...

Pablo juzgó, persiguió y condenó a aquellos que a sus ojos estaban blasfemando e iban en contra de las leyes del antiguo pacto al seguir un nuevo pacto. Para él era una falta tal que merecía incluso la muerte. Pero Pablo hizo aquel nuevo pacto vida en su ministerio.

De perseguidor pasó a ser perseguido, de juez pasó a ser juzgado, de la letra de la ley, pasó a la ley del Espíritu Santo que habita en los corazones, y su odio fue transformado en amor. Toda persona que no ha tomado la decisión de seguir a Jesucristo y aceptarlo como su único y suficiente Salvador, está igual que Saulo. Es fiel a su "religión", a la cual no quiere y ni desea renunciar.

Con su tradición cree estar sirviendo al Dios que un día de niño empezó a conocer, pero aún no experimentado ese cambio radical del llamado, un cambio que no será un cambio de religión, sino un cambio de corazón y de vida.

Tal vez usted aun no ha tenido un encuentro personal con Jesucristo y aun no ha nacido de nuevo, tal vez aun sea como Saulo, haciendo lo mejor por agradar a Dios.

Tal vez es juzgado y criticado por amigos y familiares, o por otros cristianos, y es probable que usted también los juzgue a ellos.

Si usted está en esa condición, recuerde que Jesucristo está tocando a su puerta. Lo esta llamando por su nombre y le dice: "¿Por qué me persigues? ¿Por qué me juzgas? ¿Por qué me criticas? ¿Por qué no sigues mis pasos?"

Cuando usted escuche esa voz, y la reconozca y la siga, el poder de Dios por medio de su Espíritu Santo lo deslumbrará. Quedará deslumbrado al darse cuenta de las maravillas que le está ofreciendo.

Él le está ofreciendo pertenecer a su familia. Él quiere que su apellido espiritual sea "Santo". Y ya no será más el pecador que lucha por ser santo, sino que será el santo que lucha por no pecar.

Sí, luchará por ser fiel a Dios, luchará por utilizar la poderosa fuerza de su Espíritu Santo para vencer las tentaciones, y entonces, sus caídas estarán protegidas por las manos de Dios. Tendrá luchas pero ya no con pecadores, sino con el pecado mismo. Se acercará a Dios, y el demonio huirá de su vida y su camino.

La mejor analogía es aquella que diferencia entre una oveja y un cerdo que caen en el fango. La reacción de la oveja será de desesperación y gemirá pidiendo ser sacada de allí, y recién podrá sentirse en paz cuando haya salido y se encuentre en un lugar limpio y seco. En cambio, el cerdo al caer en el lodo también gime, pero de placer. Se introducirá aún más y se revolcará tratando de disfrutar a lo máximo del sucio lodo.

De igual forma, el hombre nacido de nuevo es igual que la oveja, cuando cae en el pecado o se halla en un ambiente de pecado, gemirá, se sentirá incómodo, y se esforzará por librarse de aquella contaminación espiritual.

En cambio, el pecador, el que aún no ha sufrido el cambio de la conversión, no sentirá ninguna diferencia, sino, por el contrario, se sentirá como en su medio y disfrutará de los deleites del pecado.

Pero, la decisión es suya. ¿Quiere ser manso como una oveja, rechazar el pecado y luchar contra él, o prefiere ser como el cerdo que se complace en el pecado? Ahora es el momento, el Señor está llamándolo a un cambio.

Ahora es el momento de tomar su decisión de fe, seguir a Jesucristo como el único camino al Padre, y recibirlo en su corazón y en su vida como su único y suficiente Salvador. Diríjase a Dios.

Él lo está esperando con los brazos abiertos y con el anhelo de hacerlo su hijo y coheredero con Jesucristo. Entonces su vida será la que resplandezca, sus ojos verán de diferente manera, sus oídos oirán diferentemente, y su boca proclamará la gloria de Dios.

Sobre todo, su corazón se llenará de tanto amor que de cada célula de su cuerpo fluirá el Espíritu de Dios. Su vida cambiará y se llenará de esperanza y confianza en un Padre que lo ama y que quiere caminar junto a usted y sostenerlo en los momentos difíciles de su vida.

¿Está dispuesto a enfrentar tan grande experiencia? Si es así, manos a la obra, Jesús lo esta esperando.

Nunca digas .nunca

Nunca digas .nunca

No te desanimes ni te dejes convencer de que nunca alcanzarás tu meta. ¡Sí puedes alcanzarla!

“¡No puedo! ¡No podré nunca! Dejémoslo así”.

Tal vez no logras entender el álgebra. O por mucho que le des a la pelota, no logras conectar un tiro.

¿Estás convencido de que nunca podrás hacer estas cosas? Si no puedes, sencillamente no puedes, así es que ¡olvídalo! ¿Sí?

¡No!

Mira el ejemplo de un hombre que no se dejó desanimar ni convencer por otros de que era imposible.

Cuando Walt Disney, el legendario autor de muchas películas y fundador de Disneylandia, comenzó su empresa, todo el mundo le decía: “Tus proyectos no van a funcionar... Eres un soñador”. Se le presentó un obstáculo tras otro, pero él siguió trabajando y perseverando.

Walt Disney tenía la actitud de “sí puedo”. Cuando empezó a trabajar en su primer largo metraje de dibujos animados: “Blanca Nieves y los Siete Enanitos”, le dijeron que no era posible. Había demasiadas dificultades técnicas y además, según le insistieron los que conocían la industria del cine, nadie estaría dispuesto a aguantarse hora y media de dibujos animados. Blanca Nieves era “la locura de Disney”.

El Sr. Disney no perdió el ánimo por esto. Consideraba que tenía un buen plan. Creyó que podía llevarlo a cabo, y lo hizo. Lo hizo tan bien que la película produjo ganancias de ocho millones de dólares (en el año de 1938 cuando la entrada al cine valía 23 centavos de dólar para un adulto y sólo 10 centavos para un niño).

La actitud de “sí puedo” es importante en cualquier aspecto de la vida. Esto lo vi claramente en la escuela cuando dos compañeros míos tuvieron que cumplir un mismo requisito pero cada uno lo intentó con diferente actitud.

El campo de batalla era la clase de mecanografía y el requisito era escribir 40 palabras por minuto.

Uno de mis amigos no tardó en dar a conocer su opinión negativa. “No puedo... Nunca llegaré a escribir 40 palabras por minuto”, me decía.

Siempre encontraba algo que criticar. Se quejaba de las máquinas de escribir. Decía que el instructor le tenía mala voluntad. Para él, nada estaba bien. Se envenenó la mente. Se convenció de que no podría aprender... y no aprendió.

Mi otro compañero tampoco había utilizado nunca una máquina de escribir y consideró que esta materia era uno de sus grandes obstáculos. ¿Cómo era posible escribir 40 palabras por minuto? Necesitaba un plan.

Primero, decidió adoptar la actitud de “sí puedo”. Me dijo:

“Voy a dar todo lo que tengo. Puedo hacerlo, y lo voy a hacer”.

Segundo, sabía que tendría que hacer un esfuerzo especial para alcanzar su meta. Después de la clase, iba y practicaba horas enteras. Repasaba cada lección hasta dominarla.

También sabía que necesitaba ayuda para mantener el ánimo positivo y lograr su propósito. Le pidió ayuda a Dios y estaba convencido de que Dios lo ayudaría siempre y cuando él hiciera su máximo esfuerzo.

Durante los meses que estudió esta materia, conservó su actitud positiva.

Pronto su mecanografía empezó a mejorar. Al principio, sólo escribía 10 palabras por minuto, luego 20 y más tarde 30. Cuando llegó la hora del examen final, no escribió 40 palabras por minuto ¡sino 43!

La próxima vez que tengas un obstáculo, no te des por vencido. Nunca digas nunca. Concéntrate en lo positivo, no lo negativo. Haz un esfuerzo grande y pídele ayuda a Dios. Así estarás marchando hacia el éxito. ¡Tú sí puedes!