Dignidad

1/23/2008

Dignidad
Por Raquel J. López Oliver

En mi experiencia trabajando con jóvenes, particularmente con chicas, me he dado cuenta que en la búsqueda de quiénes somos y lo que queremos, muchas veces olvidamos nuestros principios básicos y ‘tambaleamos’ con nuestras convicciones. En ocasiones dudamos del lugar que podríamos alcanzar por miedo a quedarnos solas. Es por eso que quisiera hablar de una palabra que ya casi ni escuchamos: D.I.G.N.I.D.A.D.

Una de las historias que más ha impactado mi vida se encuentra en el libro de Ester. Me quisiera referir a la vida de la reina Vasti, quien más allá de las consecuencias, puso su dignidad como prioridad a pesar de las consecuencias.

El rey Asuero era un hombre poderoso, rico, orgulloso de su reinado y de su esposa, la reina Vasti. Es tanto así que cuando los invitados en sus fiesta habían pasado varios días festejando y tomando, él le ordenó a ella exhibirse ante ellos usando su corona real, o como algunas fuentes sugieren, usando ‘solamente su corona real’. Ella se rehusó a presentarse y a pesar de que aquí apenas comienza la historia me quiero mantener en el rehúso de la reina sin llegar a su reemplazo por Ester.

Vasti sabía con toda seguridad a qué se enfrentaría al negarse a ante el Rey. Demostró que consideraba de más valor su dignidad como mujer que el mismo favor del rey al exhibirse como objeto público. Para nosotros ese fue el final de su historia, para ella posiblemente fue el comienzo de su exilio y de el disfrute de una vida digna.

Estamos invadidas, saturadas e hipnotizadas por un modelo genérico, estandarizado y comercializado de lo que es ser una ‘mujer ideal’. Un ideal que viene desde las ‘nuevas modas de seducción’ en donde le decimos a los chicos ‘mírame pero no me toques’, un ideal que nos hace mirar a los chicos como objetos y no como seres que tienen sentimientos y emociones porque nos han hecho creer que ‘todos son iguales’, un ideal que nos hace pensar que el futuro se mide a base de probar relaciones y para ver cuál escoger.

Amigas, hermanas y chicas: ¡La dignidad no es mercadeable! La dignidad va por encima de decretos, modas, culturas y hasta subculturas. Sí, ya me imagino que quieres que te de mi definición de dignidad. En mi opinión dignidad es el valor que se le da a la vida. Según el diccionario Larouse la dignidad es una cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen ni degraden.

Concluyo diciéndote que quienes somos ahora determina muchas cosas de nuestro futuro pero las circunstancias no necesariamente lo determinan. Posiblemente haya habido alguna ruptura en el noviazgo, o la figura de padre en tu hogar haya faltado, quizás te hayas sentido rechazada, en fin tantas situaciones en nuestras vidas que pueden estar pasando, pero quisiera que te grabaras esto: Así como Vasti, quien puso su dignidad por encima de su seguridad económica, matrimonio, amistades, modas, palacio, etc., debieran ser las circunstancias las que nos convenzan cada día a pensar que ¡nuestra vida se merece dignidad!

Reprobado en Paciencia

Reprobado en Paciencia
Por Francis Montás.

Sin dudas que el ministerio juvenil produce emocionantes lecciones y aprendizajes; pero tengo problemas con una materia en particular, una de las que con más frecuencia repruebo. Se trata de…paciencia. Confieso que no me gusta para nada. Cuando creo que he avanzado algo en ese renglón, en cualquier momento, vuelvo hacia atrás. Mentalmente estoy estructurado para esperar que 2+2 siempre es igual a 4. Es algo así como que el resultado debe ser directamente proporcional al esfuerzo.

Lo que estoy diciendo, es que me he formado algunas expectativas con los jóvenes a los cuales Dios me ha dado el privilegio de servirles en la pequeña iglesia que pastoreo. Me esfuerzo y espero que el resultado sea el mismo que he planificado. Aritméticamente parece que estoy en lo correcto. El problema es que de nuevo en cualquier momento la realidad viene y…Zass! Las cosas no salen como las espero. De golpe, se caen algunas expectativas. Y... ya saben. Vienen los berrinches, los pataleos normales, lanzarle preguntas a Dios; ah, y de paso, como quien no quiere la cosa, le dejo una amenaza encubierta con una muy piadosa oración…”Si tu quieres puedo hacer otra cosa. Total, esto lo hago por Ti”.

Ya me ha ocurrido tantas veces que perdí la cuenta. Reflexionando acerca de esto me doy cuenta que el problema tiene que ver exclusivamente con las expectativas que YO (Así en mayúsculas para maltratar el ego, je,je,je) tengo sobre los jóvenes a quienes sirvo. Lo que estoy diciendo es que, cuando en esos jóvenes no se cumplen las expectativas que tengo, soy capaz de enojarme y mucho. Me cuesta entender que no siempre en el ministerio 2+2 es igual a 4.

Los que trabajamos con adolescentes y jóvenes podemos caer en la tentación de olvidar que los resultados generalmente van lentos. Nos emocionamos cuando vemos a los jóvenes con gran fervor en la más reciente reunión juvenil; pero luego nos desplomamos cuando descubrimos que el fervor de la semana pasada se fue a una disco en extremo venenosa y nos dejó esperando con todo y la responsabilidad que tenía en la iglesia. O simplemente cuando descubrimos que una parte de los jóvenes para quienes planificamos un excelente programa, se quedaron en casa viendo en la tele el electrizante partido de béisbol que pasaban esa noche (En mi país el béisbol es el deporte rey) y no podían perderse a sus jugadores y equipos favoritos.



Lloramos de alegría cuando notamos lo rápido que avanzan en el discipulado y nos cuentan sus testimonios; y volvemos y lloramos junto a ellos cuando nos confiesan “Soy muy débil, no pude ser fiel a Dios, no puedo controlar mis deseos, lo siento, fallé otra vez...”

Por más que avanzo en el ministerio muchas veces olvido que la mejor expectativa es la de Dios, no la mía. El mejor resultado sigue siendo el que Dios empuja, no el que yo pujo. El más grande crecimiento es el que Dios sopla, no el que estoy halando. La madurez perfecta es la que Dios planificó en Cristo, no la que planifico saturando a los jóvenes con mis conocimientos. El mejor programa es donde está Dios, no donde estoy yo.

Y para avergonzarme mas, llega a mi mente una preguntita: Francis: …Y tu, ¿Estas cumpliendo las expectativas de Dios?
Oh, mi Dios, que fuerte! ¡Tumba eso!

Algunos líderes pensamos que nuestra cuenta con el Señor corre separadamente. Ignoramos que mientras Dios trabaja con los que lideramos, nunca se detiene con nosotros. Al mismo tiempo estamos siendo procesados. Todos estamos en el bote, en la misma noche de tormentas y mar tempestuoso. Y solo Jesús es el capitán.

El ministerio con los jóvenes requiere que sus líderes se ejerciten en paciencia. Mucha paciencia y perseverancia. Total, alguien más esta teniendo esa clase de paciencia con nosotros. Por eso, aún estamos aquí. “Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante”. Heb. 12.1(b). “Porque es necesaria la paciencia para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa”. Heb.10.36

Francamente, si lo pensamos bien, los líderes no somos tan diferentes de nuestros chicos y chicas. Así que mientras esperamos con paciencia resultados en ellos, oro y espero que no perdamos la paciencia con nosotros mismos cuando nos toque responder la pregunta ¿Estas tu cumpliendo con las expectativas de Dios?

Hijos de pastor. . . lo peor.

Hijos de pastor. . . lo peor.
Por Junior Zapata

Uno de mis primeros recuerdos de la iglesia es estar sentado en una de las bancas de cedro adelante. Por alguna razón, a los hijos de predicadores y pastores nos sientan siempre adelante. Alguien en algún tiempo tuvo brillante la idea de hacer pensar a los demás que mientras mas adelante se sienta uno en la iglesia mas “santo” o mas “cristiano” es. En fin, mi recuerdo es estar en esa banca y ver a una hermana que con su dedo apuntándome a la cara me decía: “¡¡Junior, te tienes que portar bien porque tu papá está predicando!!”.
Hoy, 30 años después, aún no entiendo lo que la hermanita me estaba tratando de decir. ¿Qué?, ¿quiere decir que si mi papá NO estaba predicando entonces me podía portar mal? No quiero sonar poco brillante pero ¿qué tenía que ver el hecho que mi papá estaba predicando con que yo me portara bien? Acaso ¿no nos debemos portar todos bien todo el tiempo no importando quién esté predicando? Ahahahaha, los grandes misterios de nuestro universo!!!!!!
Yo creo que no hay mucho misterio. Creo que es obvio el problema serio que afrontamos como iglesia con aquellos que son hijos de “Líderes” o “Pastores”. Al mismo tiempo, no quiero poner el problema fuera de proporción. Hay muchos hijos de líderes cristianos que no hemos tenido la clase de problemas de rebeldía que generalmente se nos atribuyen. Hemos tenido problemas, si, pero no hemos llenado el perfil que generalmente (y muchas veces erróneamente) se le atribuye a los hijos de pastores.
Quiero ser claro aquí, yo se que yo no era el niño merecedor del diploma por mejor comportamiento. De niño yo no necesitaba oración, creo que necesitaba liberación!!!!!!! Solo pregúntenle a mis maestros de Escuela Dominical o a los compañeros de ministerio de mis papás. No me acuerdo muy bien, pero creo que cuando yo entraba los domingos en la mañana al edificio de la Escuela Dominical, los maestro no decían: “ Huy, allí viene Junior”, creo que decían: “ Huy hay viene el gadareno” !!!!!!!. Y juzgando mis recuerdos ahora como persona mayor, tengo que acceder a que mis pobres maestros tenían razón!!
Lo interesante es que ahora también puedo juzgar que mi comportamiento no era porque era hijo de un predicador sino era resultado de ser un niño hiperactivo. Sí, yo era hijo de pastor, pero también era hiperactivo. Y recuerdo que había en la iglesia otros niños hiperactivos y traviesos como yo, pero en ellos, ese comportamiento los hermanos lo veían como normal. En mi, lo miraban como resultado de ser hijo de pastor.
Esta creo que es la raíz del problema; las expectativas que tenemos de los hijos de nuestros líderes. Los medimos con la misma vara con que medimos a nuestros líderes. Vemos a Pedrito, vemos a Susanita, y queremos ver a un pastorcito a una pastorcita. Estamos muy equivocados.
Si tan solo dejáramos en paz a los hijos de nuestros pastores y líderes. Si los dejáramos ser según su personalidad. Si los disciplináramos según su edad y no según la posición de sus padres, ellos crecerían en un ambiente que ellos respetarían porque percibirían que la gente al rededor respeta su personalidad, su forma de ser y su espacio personal.
¿Cómo queremos que los hijos de nuestros líderes sean lumbreras si desde pequeños han crecido con la famosa frasecita: “ Hijo de pastor. . .lo peor” ?
Una vez, después de hacer una de mis famosas travesuras en la iglesia (le puse una rata blanca en la bolsa a mi maestra---ya me perdonó--) uno de los adultos me miró hacia abajo con mirada de dios griego y me dijo: “Bien dicen, hijo de pastor lo peor”.
En la noche, después de que en mi casa me habían disciplinado por mi hazaña, pregunté a mi mamá qué significaba esa frase. Ella me dijo: “¿Quién te dijo eso hijito?” –“ El hermano Ramiro”—le contesté, no entendiendo la cara de curiosidad de mi mamá (ahora ya la entiendo!!). “Ah”—me contestó—“ el hermano Ramiro se confundió, lo el quiso decir fue ‘hijo de pastor lo mejor’!!!!!!!” Mi mamá siempre sembrando positivismo en mi corazón. “ Lo que hiciste estuvo mal”,--continuó diciéndome—“ pero lo que el hermano Ramiro te dijo no fue por eso. Eres tan bueno y tan lindo –(quiero creer que aún lo soy!!!!!!!)—que eres lo mejor”.
¿Qué le estamos sembrando en el corazón a los hijos de nuestros líderes? ¿No creen que si sembramos en ellos que son lo mejor y que son especiales, crecerán comportándose como los mejores y los mas especiales?
Quiero pedirles perdón por ponerme de ejemplo, pero humildemente les digo que es el mejor que pude encontrar!!!!!! Basado en mi propia experiencia, quisiera compartir lo que yo creo que son las responsabilidades de la iglesia hacia los hijos de pastores y líderes. También quisiera compartir lo que aprendí de mis padres creciendo como hijo de líder. Y como “bonus track” le quiero compartir unos pensamientos a mis compañeros de batalla, los hijos de pastores.
Cosas que aprendí de la iglesia:

Mi papá es el pastor, no yo. En 1 Crónicas 29 vemos un ejemplo clásico de esto. El Rey David estaba dando sus últimas instrucciones para la construcción del templo y la continuidad del Reino. El capítulo abre con la instrucción firme y específica a toda la congregación: “ Sólo a mi hijo Salomón ha elegido Dios. El es joven e inmaduro . . .”. Wow!!! David no sólo le estaba hablando a “su” congregación, nos estaba hablando a todos nosotros. Los hijos de nuestros líderes han sido escogido por Dios para estar en La Obra con sus padres pero no son como sus padres, por un tiempo serán jóvenes e inmaduros. La iglesia adulta y madura tiene la responsabilidad de amarlos así y ayudar a su crecimiento espiritual para que su amor por la iglesia crezca y no disminuya como muchas veces lastimosamente es el caso.

Castíguenme porque me porto mal, no porque mi papá es pastor. Yo no digo que hay que tolerar el mal comportamiento. Pero sí creo que debemos ser justos y disciplinar por las razones correctas. Los procedimientos disciplinarios que la iglesia tenga se deben aplicar. Pero no hay excusa de sacar la ya trillada bandera de que “tienes que dar el ejemplo”,--¿ejemplo de qué? o “No te da vergüenza, tu papa es el pastor”--¡No!, no me da vergüenza portarme mal, ni me da vergüenza que mi papá sea el pastor.

Prémienme por lo que soy no por lo que mis papás son. Muchas veces los hermanos de la iglesia cometen el error de darle privilegios a los hijos del pastor no porque son competentes sino para que el pastor se sienta bien que a sus hijos los toman en cuenta. Si los hijos del pastor son buenos para cantar hay que ponerlos a cantar, si no sirven para cantar, pónganlos de burritos en el drama de Jesús entrando a Jerusalén, pero no les den un privilegio que no les corresponde. Y cuando se lo den, asegurense de que sepan que es por sus méritos y no por los méritos de sus papás.

El líder de la congregación es mi papá, no yo. Muchas veces, se le otorga a los hijos de pastores cierta aura de autoridad por el puesto que el papá o la mamá tiene. Eso es un grave error, especialmente si son adolescentes. Los hijos de líderes, tienen el derecho a hacer fila afuera en el estacionamiento antes de un evento como el resto de la gente. Tienen derecho a sentarse hasta atrás si llegaron tarde. Tienen derecho a no poder estacionar su propio vehículo en un estacionamiento preferencial. Le damos el mensaje equivocado a los hijos de los líderes y al resto de la congregación cuando los hijos tiene privilegios desproporcionados. A menos que la congregación sea propiedad del pastor y de la pastora, la verdad es que debería haber miembros de la iglesia con mejores “beneficios”.

Cosas que aprendí de mis papás:

Nunca los oí hablar mal del Ministerio. Mis papás nunca nos envenenaron con las quejas del ministerio. Y me imagino que las había. Nunca hablaron mal de “los hermanos” enfrente de nosotros. Me recuerdo una vez que mi papá tuvo que dejar el liderazgo de un ministerio por la ambición de alguien mas que quería su puesto, mis papás nunca hablaron mal de la situación ni del hermano. Como mis papás nunca se quejaron del ministerio, yo crecí aprendiendo que era la vida mas emocionante que había y naturalmente le pedí a Dios que me llamara a La Obra así como había llamado a mis padres

Nunca nos pidieron que nos portáramos como “hijos de pastores”. Muchas veces nuestros líderes les piden a sus hijos que dejen de hacer algo o se comporten de cierta forma por la posición de liderazgo que ellos tienen. Les tengo malas noticias, su hogar es mas importante que su ministerio. Si se siente presionado porque sus hijos “den el ejemplo”, de el ejemplo usted primero, dedíquese a sus hijos mas que a su ministerio. Muchas de las cosas que yo hacía y mucho de mi comportamiento muchas veces tuvo que haber avergonzado a mis papás. Pero ellos pedían que yo cambiara no porque ellos eran “líderes” sino porque yo tenía que honrar a Dios. Eso era lo importante para ellos, yo, entonces crecí aprendiendo también que eso debía ser lo importante para mi.

En la Iglesia y en la casa, mis papás eran los mismos. Con tristeza tengo que decir que al hacer consejería con muchos hijos de pastores, me doy cuenta del doble mensaje que reciben de parte de sus padres. En la iglesia mi papá era caballeroso con mi mamá, en la intimidad de nuestra casa también. Delante de los hermanos mi mamá era cariñosa conmigo—a pesar de mis maravillosas travesuras!!—en la intimidad de nuestra casa también. En el púlpito mi papá predicaba con poder acerca de la oración y cuando yo me levantaba al baño a las 4:00 a.m. yo miraba a mi papá de rodillas orando—todos los días—. Mi mamá regañaba a las hermanas para que dejaran de ver telenovelas y leyeran su Biblia. En la casa, si mi mamá no estaba haciendo el oficio, estaba leyendo su Biblia—siempre— En la Iglesia y en la casa, mis papás eran los mismos.
Cosas que aprendí como hijo de pastor:

Dios tiene un lugar especial en Su corazón para los hijos de pastor. Dios sabe que muchas veces yo tuve que “ compartir ” a mis papás con Su Obra. Las noches que tal vez me dormí y mi papá no había llegado porque el servicio se había alargado. Los fines de semana que no pude ir al parque de diversiones como todos mis amiguitos porque nosotros íbamos a la iglesia. La vez que yo quería ir a ver a mi equipo preferido de fútbol pero ese día mi papá ya tenía compromiso para predicar. Todo esto Dios lo guarda en Su corazón de Padre y nos lo recompensa. Tal ves hemos llorado porque nuestro sistema de vida es diferente al de las familias de nuestros amigos. Dios sabe esto, por eso ha prometido que los que sembramos con lágrimas cosecharemos con regocijo. En mi caso, ¡¡cómo he cosechado de bien!!

Los hijos somos el regalo de Dios a nuestros padres. En el Salmo 127 Salomón describe lo que él vio en su padre el Rey David. Obviamente, David le hizo sentir a Salomón que el como hijo era la bendición mas grande que tenía. “He aquí, heredad de Jehová son los hijos; recompensa es el fruto del vientre.”(vr. 3) Nosotros somos la herencia que Dios le ha dado a nuestros padres. Es privilegio de ellos tenernos, y es privilegio nuestros ser ese regalo para ellos. Tal vez no muy te gusta la idea de haber nacido en un hogar de pastores, pero eso no lo puedes cambiar porque Dios quiere que esa sea bendición para tus padres y para ti. Es un privilegio muy alto. No somos hijos de los ancianos de la iglesia, no somos hijos de la maestra de Escuela Dominical. Somos hijos de nuestros padres y somos el regalo de Dios para ellos, si eso no le gusta a la iglesia, el problema es de ellos.

Mi papá es el pastor todo me faltará. . . . A veces, dependiendo de la naturaleza del Ministerio, los hogares de pastores y líderes no tienen todas las comodidades que los hijos quisieran tener. Aún así, Dios nunca los abandona y siempre les da lo necesario. Afortunadamente, muchos ministerios cuidan bien de sus líderes y sus familias. Tal ves como hijo de pastor o líder te has sentido limitado en lo que tienes y en lo que puedes tener. Tenemos que recordar que fuimos llamados como familia a servir a Dios por fe, no por dinero. Y al final del camino te darás cuenta que vale mucho mas la pena vivir por fe que por el trabajo. Tal ves no pudiste tener todas las cosas que quisiste pero se que tuviste lo que necesitabas. Cada ves que deseaste algo y no lo podías tener a causa del llamado de tus padres, Dios te lo va a dar a lo largo de tu vida. Tus hijos van a cosechar lo que tu sembraste. No digas que creciste en pobreza, porque ese es un termino de nuestra sociedad consumista y materialista. Pobre no es el que no tiene, pobre es el que no cree. Los hijos de pastores tal vez no heredamos terrenos, ni fortunas, ni reinos, heredamos algo mas valioso. Heredamos algo que otros, por mucho que amen a Dios, no pueden heredar si no están en La Obra. Se nos deja una legado espiritual, el hecho que nuestros padres no sirvieron en la industria, no sirvieron en el gobierno o en los negocios, sirvieron con sus vidas y sus hijos al Dios Altísimo creador del universo. “. . .pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” , es mas que un versículo bonito en Josué 24 para colgar en la cocina. Es la declaración de Josué a la congregación y a sus propios hijos que lo mas importante que el le dejaba a su familia no eran los terrenos, las pertenencias o cualquier otra cosa material, la herencia que el dejaba era que él y su familia habían servido y servirían a Jehová.

“Hijo de pastor . . . ¿lo peor”?, no creo. Seremos lo que la iglesia espera que seamos. Iglesia, instruye al hijo de pastor en su camino y cuando sea grande no se apartará de el.

Humanismo, decisiones y Josué

Humanismo, decisiones y Josué
Por Félix Ortiz

Josué es uno de los grandes personajes del Antiguo Testamento. De hecho es una de las honrosas excepciones de personajes que acabaron bien, que fueron fieles hasta el final de sus días. Hemos de ser conscientes que, lamentablemente, no es posible decir lo mismo de muchos otros.

Josué fue el fiel ayudante de Moisés durante los cuarenta años de peregrinaje por el desierto antes de entrar en la tierra prometida.

Fue, juntamente con Caleb, el único de los espías que dieron un informe positivo y lleno de fe acerca de las posibilidades que Israel tenía de adueñarse de la tierra prometida por Dios. Por esa razón, el Señor le permitió entrar en la tierra.

A lo largo de los primeros capítulos del libro que lleva su nombre vemos como el liderazgo de Josué sobre Israel se va consolidando poco a poco. En varias ocasiones se nos indica que el Señor estuvo de su lado e hizo que su autoridad creciera entre el pueblo.

Josué también supo desempeñarse cuando tuvo que enfrentar situaciones de crisis. Cuando el pecado de Acán convierte en culpable a todo el pueblo, tomó el problema de frente y extirpó la maldad de en medio de Israel para volver a contar con el favor de Dios.

Como ya se ha indicado con anterioridad Josué es un positivo ejemplo de fidelidad y caminar con el Señor hasta el fin de sus días. Los capítulos 23 y 24 de su libro nos indican cómo fue íntegro y recto hasta su muerte y como animó y exhortó a Israel a reconocer el cumplimiento de las promesas de Dios y mantenerse fiel al Señor huyendo de la idolatría.

Josué también se reveló como un profundo conocedor del carácter humano. En el capítulo 24 antes mencionado reconoció la incapacidad que Israel tendría de mantenerse fiel al Señor. Muchos años de liderazgo al frente de Israel le habían dado una comprensión muy clara de la fragilidad e inconstancia de carácter de aquel pueblo. Su profecía se vio ampliamente demostrada por lo sucedido y narrado en el libro de los Jueces.

Pero Josué también tuvo sus inconsistencias y podemos aprender de ellas. Los gabaonitas supieron ponerlo en un buen aprieto.

Se nos dice que los habitantes de Gabaón eran más listos que el hambre y supieron interpretar muy bien la realidad que estaban viviendo. Se dieron cuenta de su incapacidad para derrotar a Israel ya que el Señor estaba luchando de parte del pueblo escogido.

Actuaron como dice el refrán: “si no puedes con tu enemigo, únete a él” y tramaron un ardid bien pensado, bien realizado y que dio el fruto que ellos esperaban, engañaron a Josué y el resto de los dirigentes del pueblo de Israel.

Josué peco de exceso de confianza en sí mismo y su capacidad para conocer, entender y evaluar la situación. Confió en su buen juicio y en sus propios criterios y en base a ello tomó la decisión que consideró más pertinente.

Josué se dejó llevar por los indicadores que tenía delante de sus ojos. Estos parecían tan claros, tan obvios y la situación tan contundente que no consideró necesario el consultar al Señor acerca de todo ello. Josué se consideró lo suficientemente autónomo para no precisar de la sabiduría y el discernimiento de Dios para tomar las decisiones correctas con relación al asunto que tenía entre manos. Sin duda olvidó que las cosas, muy a menudo, no son lo que parecen a primera vista.

Tres días después se dieron cuenta que habían sido engañados. Para entonces ya era demasiado tarde y ellos no estaban en condiciones de volverse atrás del juramento hecho en el nombre del Señor.

Josué y el resto del pueblo tuvieron que pagar las consecuencias de haber tomado decisiones precipitadas y sin consultar al Señor. Los gabaonitas siempre vivieron en medio de ellos y fueron de los pueblos que posteriormente de forma continuidad constituyeron una tentación permanente para Israel.

No deja de ser curioso el modo de proceder de Josué, especialmente si lo contrastamos con la forma en que procedía Balaam que de forma continuada buscaba la dirección y la voluntad de Dios antes de tomar decisiones.


APLICACIÓN EN UN MUNDO POSTMODERNO

La sociedad postmoderna es una sociedad humanista. El hombre es el centro y además es autónomo y autosuficiente con relación a Dios. Por tanto, puede tomar sus propias decisiones, basadas en sus propios criterios, en su juicio y capacidad de discernimiento sin la necesidad de recurrir a la sabiduría que pueda venir del conocimiento de Dios y su Palabra.

Josué es un buen ejemplo de la necesidad que los cristianos tenemos de buscar y considerar la voluntad de Dios antes de tomar nuestras decisiones.

Josué nos enseña que la realidad no siempre es como aparenta ser y, por tanto, no siempre nuestros criterios y capacidad de juicio y evaluación son adecuados para tomar decisiones.

Josué nos enseña acerca del peligro y temeridad de no consultar al Señor y dar por sentado que entendemos y sabemos cómo proceder delante de los retos y desafíos que vivir en una sociedad postmoderna nos plantea.

Josué en definitiva nos desafía, con su ejemplo negativo, a seguir las palabras que aparecen en el libro de Proverbios: “Confía de todo corazón en el Señor y no en tu propia inteligencia. Ten presente al Señor en todo lo que hagas, y Él te llevará por el camino recto. No te creas demasiado sabio; honra al Señor y apártate del mal” (Proverbios 3:5-7)



PREGUNTAS DE INTERACCIÓN

1. ¿Qué criterio usas para tomar tus decisiones?

2. ¿Qué significa que la realidad no es en muchas ocasiones lo que aparenta?

3. ¿Puedes poner ejemplos en este sentido de tu propia experiencia personal?

4. ¿Estas viviendo situaciones en las cuales deberías considerar cuál es la voluntad de Dios a pesar de que son aparentemente claras?

Llamados a ser santos

Llamados a ser santos

Por María Carmen Serrudo de Arana


Era un joven fuerte e inteligente, su padre le había enseñado su habilidad del negocio, y su buena cuna hicieron de él alguien que tenía mucho de que gloriarse y exaltarse. Su profunda educación con famosos y expertos maestros, y la defensa de su cultura, le dieron los bríos para tener la absoluta certeza de que lo que hacía siempre era lo correcto. Su justicia e integridad le ganaron campo en su medio social, dándole autoridad suficiente para hacer justicia en el momento propicio.

Todo iba muy bien, hasta que un día en que cumplía estrictamente su deber, ocurrió lo inesperado que lo obligó a dejar su negocio, su posición y su círculo social. Se alejó de su ciudad y fue a adiestrarse en otro "negocio", luego de varios años retornando a su ciudad natal, la gente le temía, desconfiaba de él, lo despreciaba y lo atacaba.

Pero él con toda la energía y conocimiento acumulados en su niñez, juventud, y en el tiempo de entrenamiento fuera, enfrentó aquel cambio tan profundo no solo externo y social, sino ante todo espiritual.

Su nombre era Saulo, judío de judíos, nacido en Tarso, instruido a los pies de Gamaliel, estricto en la ley de sus padres, celoso de Dios, perseguidor de los cristianos que no perdía la oportunidad de apoyar su ejecución y persuadir en las sinagogas en contra de ellos. Consiguió cartas para buscarlos incluso en Damasco.

Pero todo lo hacía convencido en lo más profundo de su corazón, por una fidelidad y un celo para agradar al Dios de sus padres. Por ello, luego del llamado de Jesucristo, la sorpresa que produjo no fue pequeña.

Su propia gente lo despreció y lo odió. Los demás cristianos lo despreciaron y le temieron, desconfiaban de su conversión, pero solo Dios conocía el cambio profundo y dramático que le había acontecido.

De igual manera, Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, durante su vida terrenal fue juzgado, criticado y condenado por decir la verdad. Muchos de los cristianos hoy en día somos igualmente juzgados y despreciados por querer luchar contra el pecado y el mal. Somos llamados justicialistas e integralistas, con menosprecio y burla. Por nuestra parte, juzgamos y criticamos a aquellos que consideramos hijos de las tinieblas, pecadores y hasta blasfemos, por el solo hecho de que no siguen nuestra misma fe. Pero, la historia se repite...

Pablo juzgó, persiguió y condenó a aquellos que a sus ojos estaban blasfemando e iban en contra de las leyes del antiguo pacto al seguir un nuevo pacto. Para él era una falta tal que merecía incluso la muerte. Pero Pablo hizo aquel nuevo pacto vida en su ministerio.

De perseguidor pasó a ser perseguido, de juez pasó a ser juzgado, de la letra de la ley, pasó a la ley del Espíritu Santo que habita en los corazones, y su odio fue transformado en amor. Toda persona que no ha tomado la decisión de seguir a Jesucristo y aceptarlo como su único y suficiente Salvador, está igual que Saulo. Es fiel a su "religión", a la cual no quiere y ni desea renunciar.

Con su tradición cree estar sirviendo al Dios que un día de niño empezó a conocer, pero aún no experimentado ese cambio radical del llamado, un cambio que no será un cambio de religión, sino un cambio de corazón y de vida.

Tal vez usted aun no ha tenido un encuentro personal con Jesucristo y aun no ha nacido de nuevo, tal vez aun sea como Saulo, haciendo lo mejor por agradar a Dios.

Tal vez es juzgado y criticado por amigos y familiares, o por otros cristianos, y es probable que usted también los juzgue a ellos.

Si usted está en esa condición, recuerde que Jesucristo está tocando a su puerta. Lo esta llamando por su nombre y le dice: "¿Por qué me persigues? ¿Por qué me juzgas? ¿Por qué me criticas? ¿Por qué no sigues mis pasos?"

Cuando usted escuche esa voz, y la reconozca y la siga, el poder de Dios por medio de su Espíritu Santo lo deslumbrará. Quedará deslumbrado al darse cuenta de las maravillas que le está ofreciendo.

Él le está ofreciendo pertenecer a su familia. Él quiere que su apellido espiritual sea "Santo". Y ya no será más el pecador que lucha por ser santo, sino que será el santo que lucha por no pecar.

Sí, luchará por ser fiel a Dios, luchará por utilizar la poderosa fuerza de su Espíritu Santo para vencer las tentaciones, y entonces, sus caídas estarán protegidas por las manos de Dios. Tendrá luchas pero ya no con pecadores, sino con el pecado mismo. Se acercará a Dios, y el demonio huirá de su vida y su camino.

La mejor analogía es aquella que diferencia entre una oveja y un cerdo que caen en el fango. La reacción de la oveja será de desesperación y gemirá pidiendo ser sacada de allí, y recién podrá sentirse en paz cuando haya salido y se encuentre en un lugar limpio y seco. En cambio, el cerdo al caer en el lodo también gime, pero de placer. Se introducirá aún más y se revolcará tratando de disfrutar a lo máximo del sucio lodo.

De igual forma, el hombre nacido de nuevo es igual que la oveja, cuando cae en el pecado o se halla en un ambiente de pecado, gemirá, se sentirá incómodo, y se esforzará por librarse de aquella contaminación espiritual.

En cambio, el pecador, el que aún no ha sufrido el cambio de la conversión, no sentirá ninguna diferencia, sino, por el contrario, se sentirá como en su medio y disfrutará de los deleites del pecado.

Pero, la decisión es suya. ¿Quiere ser manso como una oveja, rechazar el pecado y luchar contra él, o prefiere ser como el cerdo que se complace en el pecado? Ahora es el momento, el Señor está llamándolo a un cambio.

Ahora es el momento de tomar su decisión de fe, seguir a Jesucristo como el único camino al Padre, y recibirlo en su corazón y en su vida como su único y suficiente Salvador. Diríjase a Dios.

Él lo está esperando con los brazos abiertos y con el anhelo de hacerlo su hijo y coheredero con Jesucristo. Entonces su vida será la que resplandezca, sus ojos verán de diferente manera, sus oídos oirán diferentemente, y su boca proclamará la gloria de Dios.

Sobre todo, su corazón se llenará de tanto amor que de cada célula de su cuerpo fluirá el Espíritu de Dios. Su vida cambiará y se llenará de esperanza y confianza en un Padre que lo ama y que quiere caminar junto a usted y sostenerlo en los momentos difíciles de su vida.

¿Está dispuesto a enfrentar tan grande experiencia? Si es así, manos a la obra, Jesús lo esta esperando.

Nunca digas .nunca

Nunca digas .nunca

No te desanimes ni te dejes convencer de que nunca alcanzarás tu meta. ¡Sí puedes alcanzarla!

“¡No puedo! ¡No podré nunca! Dejémoslo así”.

Tal vez no logras entender el álgebra. O por mucho que le des a la pelota, no logras conectar un tiro.

¿Estás convencido de que nunca podrás hacer estas cosas? Si no puedes, sencillamente no puedes, así es que ¡olvídalo! ¿Sí?

¡No!

Mira el ejemplo de un hombre que no se dejó desanimar ni convencer por otros de que era imposible.

Cuando Walt Disney, el legendario autor de muchas películas y fundador de Disneylandia, comenzó su empresa, todo el mundo le decía: “Tus proyectos no van a funcionar... Eres un soñador”. Se le presentó un obstáculo tras otro, pero él siguió trabajando y perseverando.

Walt Disney tenía la actitud de “sí puedo”. Cuando empezó a trabajar en su primer largo metraje de dibujos animados: “Blanca Nieves y los Siete Enanitos”, le dijeron que no era posible. Había demasiadas dificultades técnicas y además, según le insistieron los que conocían la industria del cine, nadie estaría dispuesto a aguantarse hora y media de dibujos animados. Blanca Nieves era “la locura de Disney”.

El Sr. Disney no perdió el ánimo por esto. Consideraba que tenía un buen plan. Creyó que podía llevarlo a cabo, y lo hizo. Lo hizo tan bien que la película produjo ganancias de ocho millones de dólares (en el año de 1938 cuando la entrada al cine valía 23 centavos de dólar para un adulto y sólo 10 centavos para un niño).

La actitud de “sí puedo” es importante en cualquier aspecto de la vida. Esto lo vi claramente en la escuela cuando dos compañeros míos tuvieron que cumplir un mismo requisito pero cada uno lo intentó con diferente actitud.

El campo de batalla era la clase de mecanografía y el requisito era escribir 40 palabras por minuto.

Uno de mis amigos no tardó en dar a conocer su opinión negativa. “No puedo... Nunca llegaré a escribir 40 palabras por minuto”, me decía.

Siempre encontraba algo que criticar. Se quejaba de las máquinas de escribir. Decía que el instructor le tenía mala voluntad. Para él, nada estaba bien. Se envenenó la mente. Se convenció de que no podría aprender... y no aprendió.

Mi otro compañero tampoco había utilizado nunca una máquina de escribir y consideró que esta materia era uno de sus grandes obstáculos. ¿Cómo era posible escribir 40 palabras por minuto? Necesitaba un plan.

Primero, decidió adoptar la actitud de “sí puedo”. Me dijo:

“Voy a dar todo lo que tengo. Puedo hacerlo, y lo voy a hacer”.

Segundo, sabía que tendría que hacer un esfuerzo especial para alcanzar su meta. Después de la clase, iba y practicaba horas enteras. Repasaba cada lección hasta dominarla.

También sabía que necesitaba ayuda para mantener el ánimo positivo y lograr su propósito. Le pidió ayuda a Dios y estaba convencido de que Dios lo ayudaría siempre y cuando él hiciera su máximo esfuerzo.

Durante los meses que estudió esta materia, conservó su actitud positiva.

Pronto su mecanografía empezó a mejorar. Al principio, sólo escribía 10 palabras por minuto, luego 20 y más tarde 30. Cuando llegó la hora del examen final, no escribió 40 palabras por minuto ¡sino 43!

La próxima vez que tengas un obstáculo, no te des por vencido. Nunca digas nunca. Concéntrate en lo positivo, no lo negativo. Haz un esfuerzo grande y pídele ayuda a Dios. Así estarás marchando hacia el éxito. ¡Tú sí puedes!

¿ COMO PUEDO TENER FE ?

8/25/2007

IDA CRISTIANA :

¿ COMO PUEDO TENER FE ?

"Así es que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios." (Romanos 10:17)

Es difícil exagerar la importancia de tener verdadera fe. Con eso quiero decir, la clase de fe de la que habla la Biblia. Para Jesús y sus apóstoles esta fe genuina siempre fue de mayor necesidad. Escuche lo que Jesús dijo que podía ser para los que creyeran: "De cierto, de cierto os digo, cualquiera que diga a este monte, quítate de aquí y échate al mar y no dudare en su corazón pero creyere que sucederá, le será hecho. Por tanto os digo, cualquier cosa que pidáis en oración, creed que la recibiréis y os vendrá ... al que cree, todo le es posible".

Cuando Jesús realizó un milagro de sanidad, casi siempre mencionó la fe de la persona restaurada. Esto nos recuerda palabras como: "tu fe le ha salvado" o "conforme a tu fe, sea hecho". En cierta ocasión, cuando Jesús vio la fe de cuatro hombres que trajeron un paralítico a su presencia, dijo al que había sido ayudado: "tus pecados te son perdonados".

Por el contrario, cuando no hubo fe, estas cosas no sucedieron, o por lo menos, no en la misma manera. Mateo nos dice que Jesús no hizo muchos milagros en su propio pueblo "por la incredulidad de ellos". Marcos lo dice con más fuerza: "y no pudo hacer milagros allí". ¡Qué ^diferencia hace en nuestras vidas tener o no tener fe!

El fenómeno que parecía sorprender a Jesús fue éste: la presencia o ausencia de fe. Cuando El encontró fe en personas singulares, como el centurión romano o la mujer sirofenisa. El dijo a los que le seguían:

"En verdad, en verdad os digo que ni aún en Israel he hallado tanta fe". El se quedó tan maravillado con la respuesta de esa mujer gentil, que tuvo que exclamar; "¡Oh mujer, grande es tu fe, sea hecho contigo como quieres'". Pero cuando la fe estuvo bloqueada, como realmente lo fue entre sus propios compatriotas, los escritores de los Evangelios nos dicen que El se asombró por la incredulidad de ellos. Algunas veces El amonestó a sus discípulos por su poca fe. "¡Oh hombre de poca fe!, le dijo a Pedro, "¿por qué dudaste?". Y a todos los discípulos les dijo:

"Por qué estáis amedrentados, hombres de poca fe?". Y otras veces:

"¿Dónde está vuestra fe?"

Si usted fuera a resumir todo lo que Jesús enseñó y qué fue lo que más enfatizó entre sus seguidores, pudiera decirlo con éstas, sus palabras:

"Tened fe en Dios", La pregunta principal de Jesús una y otra vez fue:

"¿Crees?". A propósito, si El le preguntara a usted eso hoy, ¿qué respondería usted?, ¿qué tan sorprendido quedaría El por su fe? ¿Podría decir El con asombro, "¡grande es tu fe!".

Los apóstoles enfatizaron lo mismo en sus escritos del Nuevo Testamento. Ellos nos pudieron decir lo suficiente acerca de la importancia de la fe y lo que influye en nosotros- Es por fe que somos justificados delante de Dios. A través de la fe, somos salvos. Por la fe, tenemos paz con Dios, Por fe, tenemos acceso a la presencia de Dios. Por fe, llegamos a ser sus hijos y nos gozamos en la esperanza de compartir su gloria. Por fe, soportamos dificultades y hacemos proezas. En verdad, "esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe".

Fe, insisten los apóstoles, es lo que Dios principalmente busca en nosotros. Sin ella somos indecisos y no podremos recibir nada de El. Es la fe que honra a Dios la que nos asegura que El cumplirá sus promesas. Tan crucial es el papel de la fe para Dios. que el escritor de los Hebreos pudo decir: "Empero, sin te es imposible agradar a Dios". Pero si tenemos fe. Dios nos mira a través de Jesucristo y nada podrá separarnos de su amor. ¡Qué cosa tan maravillosa es tener fe y ser un creyente en Dios a través de Jesucristo!,

Aquí está el misterio. Aunque la te es muy importante y aunque es lo que más necesitamos; no podemos producirla, no podemos crearla en nosotros mismos porque no tenemos poder para ello- Martín Lulero, uno de los más grandes hombres de fe que el mundo ha conocido, confesó esa verdad extraña acerca de su propia vida: "Yo creo", dijo él. "que yo no puedo creer sin la ayuda del Espíritu de Dios". En esa confesión, Lulero simplemente parafraseó las palabras del apóstol Pablo en la Epístola a los Efesios: "Porque por gracia sois salvos, por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe". En oirás palabras, si usted tiene fe. no tiene nada de qué jactarse. Esto, simplemente, es un regalo de Dios.

Todo el que verdaderamente cree está consciente de que venimos a" Dios cuando El. de alguna manera, ya ha venido a nosotros. Lo buscamos porque El nos ha buscado. Jesús dijo: "No me elegisteis vosotros a mí; sino yo os elegí a vosotros".

Pero alguien puede preguntar: ¿A dónde nos lleva esto? Usted dice que creer es muy importante, que necesitamos creer y luego nos dice que no podemos. ¿Qué clase de mensaje es éste? Bueno, el hecho de que la fe es un regalo de Dios, debe mantenernos en busca de El para que nos guíe a ella- ¿Recuerda usted aquel padre que trajo su hijo a Jesús porque estaba poseído de demonios? Mientras él luchaba por ejercitar su fe, oró con honestidad una oración agonizante: "¡Señor, yo creo, ayuda a mi incredulidad!". El decía, "yo creo en parte, pero quiero creer completamente. Todavía siento dentro de mí una resistencia a la fe genuina. Señor, ¡ayúdame!”

Eso fue lo que los discípulos dijeron cuando Jesús demandó que ellos perdonaran. Ellos sabían que semejante virtud estaba fuera de sus alcances, así es que suplicaron: "Señor, auméntanos la fe".

¿Pero esto es simplemente lo que podemos hacer, orar y esperar'? No, hay algo más que es vital recordar. Cuando nos hacemos la pregunta, ¿Cómo puedo tener té?, ¿Cómo puedo crecer en la fe?". Necesitamos recordar como Dios trabaja en nosotros para producirla. Hay un gran texto de la carta de Pablo a los Romanos, capitulo 10:17, que nos da la clave, escuche: "Así es que la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios". Lo que Pablo afirma aquí es una verdad que se hace clara a través de toda la Biblia : La fe es creada en nosotros por la Palabra de Dios.

El profeta Isaías ¿escribe la Palabra de Dios de esta manera: "Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da simiente al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié". El dice que la Palabra de Dios es dinámicamente fructífera. Nunca falla en darnos su cosecha y el fruto principal que produce, es fe viviente.

El apóstol Pedro describe la Palabra como una semilla que trae nueva vida. El dice: "Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre". La Palabra crea fe en nuestros corazones de tal manera que venimos a estar unidos con el Señor Resucitado, Santiago señala el mismo puso cuando dice: "El, de su voluntad, nos hizo nacer por la Palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas". Dios nos da un nuevo nacimiento a través de su Palabra cuando despierta fe dentro de nosotros.

Si preguntamos, "¿qué hay de especial en la Palabra de Dios que genera fe? '". La respuesta seguramente sería ésta: "¡Sus promesas!. Los mandamientos de Dios nos instruyen y sus advertencias nos despiertan. El recuerdo de sus misericordias pasadas nos mueven a alabarle. Pero la confianza se construye en forma suprema sobre lo que Dios se ha comprometido a hacer por su pueblo.

El rey David decidió construir una casa para Dios. El hizo conocer su intención al proteta Natán, pero al día siguiente, éste regresó al rey anunciándole que David no construiría la casa para el Señor. Esto sucedería a la inversa. Dios construiría una casa. o sea. una casta o dinastía para David. Sus descendientes ocuparían el trono. Cuando David escuchó esto. se sintió humilde y movido a reverente gratitud. El hizo esta oración: "Ahora, Señor Dios, confirma la palabra que has hablado acerca de tu siervo para siempre, y has conforme Tú has hablado". El pedía al Señor que cumpliera su Palabra: y entonces añadió este significativo pensamiento: "Por cuanto Tú. oh Dios de los Ejércitos, el Dios de Israel, has revelado esto a tu siervo, diciendo; Yo te haré una casa: entonces tu siervo ha tenido coraje para orar a t¡". Fue la palabra la que creo fe. Fue la promesa la que le dio valor. David creyó que Dios lo podía hacer, simplemente porque El lo había dicho. La fe fue croada, nutrida y recibió coraje por la Palabra de Dios.

Yo deseo que todos nosotros podamos ver esto claro, porque es lo que puede cambiar nuestra manera de pensar en cuanto a la fe. Digamos que deseo sigo profundamente y me esfuerzo en creer que Dios me lo dará. Entonces, si puedo presionar fuertemente esta convicción dentro de mí, tal vez yo pueda persuadir a Dios para que haga lo que le pido. Pero esa es una manera de ver las cosas desde el punto de vista humano y la te desde esa perspectiva se convierte en una táctica para manipular a Dios y lograr que El haga lo que nosotros queramos.

Pero en la Biblia vemos que la fe comienza con Dios. Es porque El se revela que podemos conocerle, porque El dice que nosotros podemos aprender cual es su voluntad- Es por lo que El nos promete, que nosotros podemos saber lo que esperamos de El. En la Biblia la fe significa confiar en que El hará lo que El ha prometido.

Ahora veamos de nuevo lo que Pablo dice en Romanos 10:17, "La fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios". ¿Cómo puede una persona llegar a ser un creyente cuando escucha el Evangelio de Jesucristo?. El mensaje del Evangelio trae la fe consigo, recuerde esta maravillosa promesa. Aprendemos que Dios se ha allegado a nosotros en la persona de su Hijo. que Jesús ha muerto por nuestros pecados, ha resucitado de los muertos y que Dios ahora ofrece perdón y vida eterna a todos los que en El crean. El promete salvar hasta el último de todos los que vienen a El a través de Jesús- Cuando oímos estas Buenas Nuevas, cuando llegamos a darnos cuenta de esa maravillosa promesa de Dios, es que podemos ejercitar la fe. Nosotros podemos decir: "Sí, Señor, yo creo en Tu promesa, yo recibo ahora a Cristo como mi Salvador, yo confío que por Su causa Tú me perdonarás y me recibirás". Esa es la fe del Nuevo Testamento, simple y grande.

La fe no comienza solamente de esa manera; sino que es así como también aumenta. La misma Palabra que despierta fe, la edifica. Mientras más estudiamos lo que Dios ha prometido a su pueblo, más crecerá nuestra confianza en El- Si usted quiere que su fe sea real en su vida, si desea que se desarrolle y madure, estudie la Palabra de Dios regularmente. Busque una congregación de creyentes en la cuál la Palabra de Dios sea predicada y enseñada fielmente. Pero no se detenga allí; lea las Escrituras por usted mismo. Comience con el Libro de los Salmos y uno de los Evangelios. Escuche diariamente lo que Dios le dice en ellas. Medite en lo que lea; memorice una porción clave de ella. Grabe las promesas de Dios en su mente y su corazón se llenará de fe.

Una vez el famoso Moody contó que había pasado en su vida cuando leyó las palabras de Romanos 10:17. Desde esa vez, él estuvo buscando más fe, orando para que Dios se la concediera y entonces aprendió de este texto que la fe viene de la Palabra de Dios. Moody dijo: "Yo comencé a estudiar la Biblia cada día y mi fe ha estado creciendo desde entonces". ¡Dios permita que esa sea su experiencia también!

AMÉN.