Contracultura Cristiana

4/23/2008

Contracultura Cristiana

Definiciones que vienen al caso...

CULTURA: “Las culturas son sistemas de símbolos compartidos que proporcionan sentido a nuestra vida, una orientación, una forma de ver el mundo y de interpretar la realidad.” Cultura es, en este sentido, el conjunto de manifestaciones de una sociedad o un grupo humano que la distinguen y la hacen ser lo que ella es. Es decir, su arte, su manera de hablar, sus convenciones sociales, sus pautas morales, sus costumbres, etc... lo que para una sociedad puede ser culturalmente aceptable, para otra puede resultar totalmente escandaloso. Ej. Todos se darían vuelta a mirar a una señorita haciendo topless en una playa de la costa atlántica argentina... La mayoría la censuraría... Pero es cierto, también, que una mujer con el torso cubierto en medio de una tribu africana también podría ser observada de la misma manera...

SUBCULTURA : Dentro de cada cultura existen diferencias que vienen dadas por la edad, el nivel socioeconómico, la clase social, la religión, el origen étnico, etc. Esto es una subcultura: la cultura dentro de la cultura...

Ejemplos: el lenguaje, la vestimenta, los hábitos horarios, los lugares de reunión, la música, no son los mismos para un grupo cultural de 20 años, que para uno de 40. Y esto es absolutamente obvio y notable.

CONTRACULTURA: La contracultura se entiende como un movimiento de rebelión contra la cultura hegemónica. Ejemplos de esto son las llamadas “tribus urbanas” que son grupos de adolescentes/jóvenes como los punks, skins, etc., que no se sienten representados por la sociedad a la que pertenecen, y se apartan de ella, o mejor dicho, van contra ella.

LAS VERDADES Y LA VERDAD :

Antes de continuar con el tema, conviene hacer unas puntualizaciones que nos serán muy útiles.

Vivimos en una época que los estudiosos dieron en llamar “postmodernidad”, es decir, lo que está después de la modernidad. Ahora bien, hay algunas características distintivas de este tiempo que me gustaría resaltar porque hacen al tema que nos ocupa: el relativismo y el pluralismo .

Se llama relativismo a la convicción de que la calificación moral de una acción como buena o mala depende de cada cultura, de cada grupo, o bien de cada persona.

Pluralismo, por otra parte, significa que todas las culturas merecen igual respeto, todas las ideas, las ideologías, las religiones, las posturas filosóficas, las convicciones morales, las modas, etc., etc. Todas deben y pueden convivir juntas, con igual rango de autenticidad.

Esto implica que no se reconoce la existencia de una verdad, absoluta, definitiva, única, superior, objetiva... Todas “las verdades” son válidas juntamente, si le sirven a alguien. Es decir: yo creo esto, y vos podés creer aquello, y si a vos te hace bien, entonces está bien. Mi verdad y tu verdad son igualmente aceptables...

Evidentemente, esto lleva al caos total, aunque pareciera que ser “moderno”, “civilizado”, “educado”, “inteligente”, inclinara a pensar de esta manera: si todas “las verdades” son igualmente válidas...¿Quién tiene razón? ¿Todos podemos tener razón? ¿Por cuál ley nos regiríamos? ¿Con qué parámetros aceptaríamos algunas cosas y desecharíamos otras?

Como vemos, el panorama así planteado es por demás peligroso.

El mundo, con discursos de superación y respeto aparente, proclama el pluralismo como una virtud... Y la Iglesia del Señor, muchas veces, se acomoda a este sentir, y acepta cualquier cosa a fin de no ser tildada de antigua y retrógrada.

La Biblia dice, sin rodeos, que sólo hay una verdad, que es Jesucristo. Él es la verdad, y conocer esta verdad nos hace libres. No, conocer todas las verdades y quedarnos con la que más nos conviene, o hacernos una nueva si queremos y nos hace bien... Conocer a Jesucristo, que es la única verdad, el único camino, la única vida, esto nos libera... Y como Jesucristo es la Palabra de Dios encarnada, el logos de Dios, entonces, también su palabra es verdad. La Biblia, como Palabra infalible, única, de Dios, es también la verdad. Y no una verdad entre muchas, sino LA VERDAD.

(Ev. De Juan 1:17; 5:33; 8:32; 8:40; 14; 6; 16:13; 17:17; 18; 38; Ef. 1:13; 4:21; 6:14; 2ª Tes. 2:12; 1ª Tim. 3:15; Heb. 10:26; 1ª Juan 3:19)

Y la Iglesia, nosotros, cada uno y todos, como veremos más adelante, somos depositarios de esta verdad.

La verdad, así planteada y entendida, no es una cosa subjetiva, que cada ser humano se arma, producto de sus pensamientos, gustos, saberes y pareceres. La verdad es externa al ser humano. No requiere de nosotros opiniones y cambios: demanda aceptación y obediencia, porque proviene de Dios, que es la única fuente de verdad.

Contracultura Cristiana

La primera cultura comenzó con Adán y Eva. Mientras Adán y Eva obedecieron a Dios, esa cultura fue piadosa, justa, santa, de acuerdo con los propósitos divinos.

El diablo desafió esa cultura, y aparentemente triunfó, desplazando la cultura centrada en Dios y estableciendo otra, una contracultura, basada en el ser humano, fruto del pecado. Esta contracultura sustituyó a la otra, y por eso se convirtió en una cultura, dominante, la que reina en el mundo todavía hoy, hasta que Cristo vuelva por su Iglesia.

Ahora bien, desde entonces, siempre ha habido una cultura y una contracultura, pero como el diablo es el “príncipe de este mundo”, y el reino de Dios “no es de este mundo”, como dice su Palabra, la cristianismo no es una cultura, de acuerdo con la terminología que estamos utilizando. Debe ser una contracultura, es decir, la que se opone a la cultura dominante en el mundo, la de la carne, el pecado, el diablo, etc., y esta contracultura se basa en la convicción de que hay SÓLO UNA VERDAD, y esa verdad habrá que buscarla en Dios.

Ahora bien, vivir el cristianismo como una verdadera “contracultura”, va más allá de sentir que la religión es una parte de nuestra vida, importante o no. Es vivir el evangelio y el cristianismo como la verdad a partir de la cual se articulan todas las otras áreas de nuestro vivir: el estudio, el trabajo, la familia, los deportes, la recreación, los amigos. Todo está permeado por Jesucristo, todo está influido por él. Él tiene señorío real sobre cada área de nuestra vida. Él gobierna, señorea, domina santamente...

Es mucho más que sólo ser cristianos. Es mucho más que sólo asistir a la iglesia. Es un compromiso de vida y de pensamiento, es una manera de ver la vida, de enfocar cada día...

¡¡¡Es una manera revolucionaria de ser joven!!

No podemos ser “pluralistas” los cristianos, en el sentido que nos lo propone el mundo: la Biblia dice que no nos debemos conformar a este mundo (Romanos 12:2), es decir, que no debemos adoptar las formas de este mundo. Porque nuestra verdad no es una verdad entre muchas: es la verdad, la única verdad, la que tenemos en las Sagradas Escrituras y la que el Espíritu Santo nos enseña, porque El, dice Juan, nos lleva a toda verdad.

No podemos ser tampoco “neutrales”: o somos una cosa, o somos la otra. No hay lugar a medias tintas. O pertenecemos a la cultura dominante, la del mundo, o pertenecemos al Señor.

No podemos, en fin, ser “relativistas”... “Y bueno... la Biblia dice esto, pero tal vez el mundo tenga razón...¡tampoco hay que ser tan fanáticos!” ¡¡¡De ninguna manera!!! La Biblia dice la verdad, y dice toda la verdad, es toda la revelación de Dios para TODOS los hombres, cristianos o no, y jamás debemos relativizarla, o “adecuarla a los tiempos”.

Cristianismo: ¿Contracultura o subcultura?

De acuerdo con las definiciones que venimos manejando, la subcultura no va en contra de la cultura imperante, sino que es la misma cultura, pero con algunas características más que hacen al grupo particular que la representa.

Pues bien, a veces los cristianos vivimos como si lo nuestro fuera una subcultura: nos conformamos a los cánones del mundo, pero agregamos a nuestra mezcla algunas características que nos son propias. Vamos al culto, y llevamos la Biblia... Hablamos un lenguaje que solo nosotros entendemos, y para todo nombramos al Señor... Pero con nuestros actos no nos diferenciamos en nada del mundo, y nuestros pensamientos y manera de ver las cosas, cada vez se acercan más a las maneras seculares...

Es más: la mayoría de las veces vivimos dentro de la iglesia pero tenemos nuestra mirada en el mundo. Añoramos sus formas, y para peor, a menudo queremos “importarlas”...

Y como el mundo por esto nos desprecia, porque no somos “ni chicha ni limonada”, nos escondemos en nuestros templos, nos separamos, y nos olvidamos, así, que debemos ser sal y luz, que debemos penetrar la sociedad para ser agentes del cambio y lograr que “venga su reino”.

¿Por qué nos avergonzamos, muchas veces, de ser cristianos? ¿Por qué no podemos decir a los cuatro vientos en qué creemos? ¿Será que no estamos seguros? ¿Será que nos sentimos sólo una subcultura? ¿Será que no creemos, definitivamente, que sólo hay una verdad? ¿Será que no vivimos lo que decimos que creemos? ¿Será que hemos perdido la frescura del evangelio? ¿Será que realmente no podemos vivir el poder liberador de Cristo? ¿Cómo habremos de influir? ¿Cómo podemos hablar del Señor? ¿Cómo podremos cumplir la gran comisión?

La Iglesia como comunidad hermenéutica y profética

La Iglesia del Señor, vos y yo y todos, somos depositarios de la Palabra de Dios, y de toda la revelación especial. Es decir que todo lo que Dios tenía, tiene y tendrá para decir al ser humano de todas las generaciones, razas y edades, sea creyente o no, está contenido en su Palabra, y su Palabra, si bien es de libre acceso para cualquier ser humano, sin embargo ha sido confiada a la Iglesia, para su predicación, su difusión y su interpretación.

La Biblia es la palabra profética más segura, es decir, que tiene todas las respuestas para el hombre, y todas las respuestas para el mundo.

En este sentido, no podemos seguir la corriente de la moda, o la corriente de la moral mundana. Sabemos lo que Dios dice, o deberíamos empezar a averiguarlo, si no lo sabemos, y debemos vivir de acuerdo con esto, hasta las últimas consecuencias.

Veamos algunos ejemplos:

Cultura dominante (mundo)

Contracultura cristiana

La sociedad es laica, dice que puede prescindir de Dios. Hace como que no existe.

Nosotros profesamos una espiritualidad fuerte, y fundamentada, que preside todos los actos de nuestra vida.

Todas las verdades son buenas, si te hacen bien.

Hay una sola verdad, única e inapelable: Dios.

Cualquier religión es buena, si te sentís cómodo en ella.

Sólo hay una posibilidad de religión, la que te religa con Dios a través de Jesucristo, o sea, la cristiana.

Los valores morales son relativos, depende de cada persona y de cada circunstancia.

Los valores morales son absolutos, y dependen de Dios, quien los ha fijado en su Palabra.

El centro del mundo es el hombre.

El centro de todo es Dios.

El camino para ser feliz es hacer lo que uno quiere.

El camino para ser feliz es hacer lo que Dios quiere.

Lo mejor es recibir.

Lo mejor es dar.

Sálvese quien pueda, a costa de pisar cualquier cabeza.

Nadie busque su propio bien sino el del otro.

Yo, Yo, Yo, Yo....

Dios, Dios, Dios, Dios...

El fin justifica los medios...

Si los medios no son válidos, el fin tampoco lo será...

Si funciona, sirve...

Si no está en la Biblia, aunque funcione, no sirve.

Es necesario el sexo antes de casarse, para saber si hay compatibilidad.

El sexo, sólo dentro del matrimonio.

El aborto es válido, para evitar males peores.

El aborto es asesinato.

El pecado no existe, todo es cuestión de puntos de vista.

El pecado es trasgresión y ofende a Dios.

Los límites los pongo yo...

Los límites me los imponen desde fuera: Dios, la familia, la sociedad, la ley, etc.

Hay cosas que hay que hacer, porque todos las hacen...

Lo que está mal, está mal... Aunque los demás crean ser “vivos” por hacerlas...

La homosexualidad es el tercer sexo.

La homosexualidad es pecado.

Es más “piola” el que vive la vida y tiene varios amores a la vez...

Suena feo... Pero es adulterio...

Los diez mandamientos son cosa del pasado.

Lamentablemente, siguen vigentes, exceptuando los que tienen que ver con lo ritual... (Ej. El sábado)

La juventud es para divertirse

¿Divertirse? Síi, claro, y para mirar a Dios, antes de que vengan los días malos...

La “moral del Reino”

Cuando el Señor Jesucristo anduvo caminando por estos mundos, dejó para siempre instalada una contracultura totalmente revolucionaria. No era del todo nueva, se nutría de toda la enseñanza que Dios ya había dado a una nación, los judíos, en tantos años de historia en los que Dios intentó hacer de ellos su pueblo.

Pero el Señor le dio una vuelta de tuerca más: si te piden uno, dale dos; si te pegan de un lado, ofrece el otro, el que se humilla será enaltecido, es mejor dar que recibir, no busques tu propio bien sino el del otro, considerá a todos superiores a vos mismo, mejor es perder que ganar, el único camino al éxito es la cruz...

La “moral del Reino” no tiene nada que ver con la moral del mundo, y el mundo no termina de corromperse porque existe algo así como “la moral del reino” actuando como sal y evitando su completa ruina... No es al revés. Nuestra legitimidad no proviene del mundo, sino de Dios.

No somos porque el mundo nos deja que seamos. Somos, porque el Señor nos ha escogido y nos ha confiado la tarea de vivir para su gloria.

El desafío es enorme.

Es un desafío a no avergonzarnos de creer lo que creemos y de ser quienes somos.

Es un desafío a plantarnos firmemente en lo que Dios dice y vivir a full para ello, porque hay toda una generación que gime esperando la manifestación de los hijos de Dios.

Es un desafío a dejar de ser sólo una subcultura que permanentemente transa con el mundo para no quedar afuera...

El mundo habrá de ser realmente impactado cuando nosotros ocupemos con valor, seguridad y confianza el lugar que debemos ocupar... No como pidiendo perdón por ser diferentes, sino orgullosos (si existiera un buen sentido de esta palabra), seguros y cómodos en ser definitivamente diferentes.

No mejores.

Sólo hijos de Dios.

Lo más vil, pero pagado al precio de su sangre.

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